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lunes, 13 de mayo de 2013

LOS VIAJEROS DE LA NOCHE de José Ángel Barrueco



Un libro de mi colega José Ángel Barrueco, de la editorial Origami en la que está metida una amiga a la que quiero como es Ana Patricia Moya.

El resto sé que va a ser un poemario cargado de buenos poemas.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Más Chukri: "El pan a secas"


Años atrás supe de Mohamed Chukri gracias a David González. Chukri, tras una época de bonanza literaria en España (varios de sus libros fueron publicados o reeditados por Debate), cayó en el olvido, y sólo mediante arduas y fatigosas pesquisas era posible encontrar ejemplares de El pan desnudo o Rostros, amores, maldiciones en las librerías de viejo. Las más de las veces, a un precio poco asequible. Gracias a Cabaret Voltaire, Chukri regresa a las mesas de novedades. No hace mucho recomendamos aquí su libro sobre Paul Bowles y ahora la editorial nos ofrece de nuevo esta novela autobiográfica, la más conocida y reconocida del autor marroquí.



El título ha cambiado: si mal no recuerdo… Juan Goytisolo dijo que la traducción más fiel del árabe era El pan a secas y no El pan desnudo, como hasta ahora la conocíamos. El libro ha sido traducido de nuevo, lo que siempre se agradece (por ajustarse a la época y por disponer de varias traducciones de un mismo texto). Y esta traducción se basa en la última versión de Chukri, e incorpora un prólogo del propio autor.


He vuelto a releerla, en esta versión, y no sabría decir cuál es mejor. Tampoco sé cuánto dista una traducción de otra: tendría que buscar el viejo ejemplar en mi biblioteca y eso es casi una aventura. El pan… es una especie de novela de formación. Uno de esos libros en los que un muchacho nos cuenta sus andanzas y sus desventuras. Piensen en El guardián entre el centeno de Salinger (por el tono confesional y la voz narradora joven) o en La senda del perdedor de Bukowski (por todas las desgracias que le suceden al protagonista), pero a lo bestia. Lo que más me apasiona de Chukri es que, sirviéndose de una prosa sencillísima, sin adornos ni afeites, consigue impactarnos en cada párrafo. No sé cuál es el secreto, pero una vez que se empieza la narración, es difícil abandonarla. Tal vez porque todo está repleto de verdad, no porque la novela sea autobiográfica, sino porque Chukri nos parece un tipo honesto, auténtico y humilde. Alguien que atravesó varios infiernos (hambre, miseria, maltrato paterno, trabajos de mierda…) antes de convertirse en escritor. Aquí os dejo con algunos fragmentos:


Lloro la muerte de mi tío junto con otros niños. Ya no sólo lo hago cuando me pegan, o cuando pierdo algo. Ya había visto llorar a más gente. Es época de hambre en el Rif; de sequía y de guerra.




**




Cada vez me alejaba más del barrio, solo o en compañía de otros chicos. Éramos los niños de las basuras. Un día encontré una gallina muerta; la recogí, la oculté bajo mi camisa y me fui corriendo a casa.




**



Era preferible aquel trabajo a mendigar o robar; preferible a dejarse chupar el sexo por un viejo, a vender harira y pescado frito a los campesinos en el Zoco Grande y en Fendaq Chejra. Desde luego, era mucho mejor que cualquiera de los trabajos que había tenido hasta entonces. Aquella aventura me permitió sentirme todo un hombre a mis diecisiete años. Aquella madrugada comenzó una nueva etapa en mi vida.

Volvimos por el mismo sendero, con los sacos a cuestas. Kandusi encabezaba el grupo y Kabil iba el último, con las manos vacías. Parecía borracho. No lo veía capaz de afrontar una aventura sin haber bebido. Cada uno de nosotros llevaba un saco con dos cajas y Kandusi cargaba la novena y última. Al cabo de unos minutos, empecé a notar el peso. Me dolían el hombro y la nuca. “¿Las habré colocado bien dentro del saco?” No me atreví a cambiar de hombro porque no quería que Kandusi creyese que me había cansado a mitad de camino. Si en la primera operación que participo me ven fatigado, no volverán a llamarme.





[Traducción de Rajae Boumediane]
extraído del blog de BARRUECO 

viernes, 2 de noviembre de 2012

Barrueco lo dice todo por mí sobre Agustín García Calvo







La primera vez que vimos a Agustín García Calvo mi hermano y yo éramos pequeños (y mi hermana ni siquiera recordará el encuentro), unos críos aún. Íbamos con nuestra madre por las calles de Zamora cuando ella se detuvo para hablar con un hombre de aspecto estrafalario. Por aquel entonces mi hermano y yo, además de niños, éramos bastante cabrones. Y nos reímos de él a sus espaldas: “Vaya tipo más raro”, le soltamos a nuestra madre, entre otras lindezas que no recuerdo. Entonces ella, como siempre hacía, nos dio una lección: nos amonestó, dijo que no nos burláramos de aquel señor, pues era alguien ilustre en la ciudad, un escritor, un filósofo, un artista, un poeta.

Años después, cuando yo ya trataba de escribir mis primeros libros, mi madre pintó al natural un retrato de AGC. Para entonces sabía de sobra quién era él y a mí me movía el respeto, no sé si la veneración. Me lo presentó en la calle y le dijo: “Quiere ser escritor”. Agustín meneó la cabeza, como si yo estuviera loco, y comentó algo que he olvidado. Desde entonces lo vi a menudo: caminando por las calles de nuestra ciudad, dando alguna charla en una feria del libro, etcétera.

En otra ocasión coincidimos en los estudios de Radio Zamora. Por entonces yo colaboraba en una tertulia literaria y Marichu García me dijo: “Luego tendremos aquí a Agustín García Calvo. ¿Quieres quedarte a escucharlo?”. Marichu apreciaba muchísimo a Agustín, y su colaboración es una de las pocas que mantuvo en la ciudad: era difícil atraparlo, no se prestaba a participar en libros colectivos, ni a sumarse a todo lo que conllevara a la masa (salvo si creía a fe ciegas en ello y olía a revolución: como la defensa del ferrocarril o las movilizaciones del 15-M). Por supuesto que me quedé allí, en la misma mesa, mientras él arremetía con todas aquellas celebraciones que sonaran a popular y que hedieran a capitalismo. No siempre podía uno estar de acuerdo con él porque iba contra demasiadas cosas. Pero jamás dejó de ser coherente con sus ideas. Coherente, lúcido y certero.

También hubo un tiempo en el que busqué numerosos artículos suyos, algún ensayo, etcétera. En alguna que otra columna, probablemente sin mentarlo, sostuve alguna idea contraria a la suya. Yo no era un fiel lector de Agustín. Lo admiraba más como persona, como personaje, como ser humano anárquico, como Rebelde con mayúsculas. La primera ocasión en que pude asistir a una charla suya salí flipado: la voz profunda, la entonación precisa, su lenguaje culto pero inteligible, su modo de hablar… me hicieron creer que estaba ante un actor dramático de la época de Shakespeare.   

La última vez que lo vimos fue en la estación de trenes de Madrid. Nunca me saludaba, tal vez porque no recordara nuestros encuentros o le dieran igual. Agustín iba a lo suyo. Esperaba el tren junto a su mujer y subimos al mismo transporte que nos llevaría a Zamora. M. comentó: “¿Ése no es Agustín García Calvo? Parece que está muy mayor”. Lo parecía. Parecía cansado, aunque aún combativo: prueba de ello es el vídeo que grabaron mientras hablaba para el pueblo en Sol, con motivo del 15-M. En él se muestra a un guerrero de la palabra.

En nuestra tierra no hay rastros de su obra ni de su nombre. O yo no lo recuerdo. No le erigieron esculturas (y algunas personas aún vivas sí la tienen), ninguna calle lleva sus apellidos, no hay placas ni bustos ni nada que lo honre. Es una de las características de nuestra ciudad. Uno de los síntomas de su decadencia progresiva. Tampoco creo que él se hubiera prestado: huía de homenajes y demás celebraciones.

Tiene sentido todo esto que cuento. Que yo pasara de la mofa a la admiración. Que la primera vez que lo viese fuera junto a mi madre y mis hermanos, en las calles de Zamora, por donde paseaba a menudo y de donde ambos somos oriundos. Que la última vez que lo viese fuera junto a mi mujer, en la estación de su amado ferrocarril, en Madrid, donde él también residía. También tiene sentido que el cuadro que mi madre pintó fuera uno de nuestros favoritos, mío y de ella.

Abajo: retrato de Agustín García Calvo. Obra de Ana Franco.



EXTRAÍDO DEL BLOG DE BARRUECO

miércoles, 5 de septiembre de 2012

EL PAN DESNUDO de Chukri lo tendremos gracias a Cabaret Voltaire, mientras tanto Barrueco nos informa








De momento Paul Bowles sólo me interesa como personaje complejo y fascinante, no como escritor; de hecho, hace muchos años, contagiado por la adaptación que hizo Bertolucci, compré una edición de kiosco de El cielo protector y hasta ahora no la he leído. Hay algo en Bowles que me da pereza, aunque sigo sin saber qué es.
Sin embargo, Mohamed Chukri me interesa como personaje torturado e interesante y, sobre todo, como escritor. En este blog ya he recomendado todos los libros que tradujeron en España: El pan desnudo, Tiempo de errores, Rostros, amores, maldiciones y Jean Genet en Tánger. Lamentablemente para los lectores, son casi imposibles de conseguir porque están agotados y descatalogados. Yo los conseguí todos… pero me costó meses de búsquedas. No se alarmen: el mejor de todos, al menos el más célebre y el más buscado, es decir, El pan desnudo, será reeditado por Cabaret Voltaire en octubre de este año, y además en la edición definitiva que preparó el propio Chukri antes de morir.
A Cabaret Voltaire también debemos agradecerle que haya traducido y publicado por primera vez este luminoso libro sobre Paul Bowles, que cuenta con un prólogo de Juan Goytisolo. A medio camino entre el diario y la semblanza, Chukri hace un retrato (bastante malicioso, y quizá justo con el extravagante escritor) de Bowles y también describe algunos de sus propios paseos por Tánger y de sus encuentros con otros habitantes, y habla de los escritores que viajaron allí a venerar a Bowles, como Kerouac, Burroughs o Brion Gysin. Si el retrato de Bowles es, más bien, despiadado, en cambio en las páginas que dedica a su mujer, Jane Bowles, casi nos enamoramos de esa figura. Chukri no llegó a conocer a Jane en persona, pero humaniza totalmente su leyenda:  
Si Jane hubiera podido alcanzar su sueño de ser escritora, habría conseguido maravillas en el campo literario. En cambio, fue una mártir de la literatura por no querer hacer de ella un comercio, a pesar de que sus necesidades la llevaran en ocasiones a rozar la pobreza. Tanto en su vida personal como en la literaria, su inocencia y su sinceridad le crearon serios problemas y muchas trabas. Paul, para imponerse, superó todos los obstáculos y nunca tuvo piedad de nadie. En sus escritos, hay pocas huellas de humanidad, algo de lo que no se ha arrepentido en absoluto hasta el día de hoy.
Un libro que deberías leer si sois seguidores de Chukri, y que romperá la imagen idealizada de Bowles. Os dejo con un párrafo dedicado al escritor:
Paul tuvo oportunidad de librarse de su frustración sexual, en muchas capitales del mundo, pero no pudo extirpar algo que tenía profundamente arraigado. A Bowles le seduce el mundo del sexo, pero su lado más perverso, y sin ser partícipe activo de él. Se conformaba con observar de lejos, ser un voyeur. Con eso era suficiente para estimular su apetito sexual, sin el miedo de siempre a ser violado. Ese placer sexual era comparable con el intento de atrapar con la mano un pez en el agua, y se transformó en esa especie de sadismo que Bowles proyectó en los personajes de sus libros, como hizo Gustave Flaubert en Salambó.
[Traducción de Rajae Boumediane El Metni]
 
 
entrada extraída íntegramente del blog de Barrueco

viernes, 29 de junio de 2012

Lectura recomendada: LA LIEBRE CON OJOS DE ÁMBAR de Edmund de Waal



Uno no puede descubrir por sí mismo todas las novedades que merecen la pena. A veces se le escapan cosas. Esta joya, escrita por un ceramista inglés, me la recomendaron a dúo Álex Portero y Carlos Pardo en la Feria del Libro de Madrid. Y acertaron, claro. Se trata de, como digo, una delicatesen. Un libro muy celebrado en otros países.
Edmund de Waal recibió como legado familiar una colección de natsuke, figuras de madera y de marfil, de procedencia japonesa, y se propuso rastrear los orígenes: ¿cómo llegaron esas figuras a sus manos?, ¿por cuántos dueños pasaron?, ¿qué países recorrieron? Y lo que descubre es absolutamente fascinante: la historia se remonta a 1871, comienza en París, y traza un arco en el tiempo y en el espacio hasta llegar al Londres del 2009. Los natsuke viajan por París, Viena, Tokio, Odesa… Son propiedad de un hombre (un antepasado del autor) que los convierte en regalo de bodas para dos de sus familiares, hasta que los nazis invaden Europa y se los llevan, y de ahí regresan a la familia (no voy a desvelar cómo), y cambian de manos, de dueños y de países.
Y es fascinante por cómo está escrito el libro, por los cambios de tiempo y de espacio, por cómo un pedazo grande de la Historia se inmiscuye en el legado y por cómo los objetos continúan arrastrando los recuerdos de nuestros antepasados. Uno sueña con escribir un libro así, que investigue un par de siglos de su propia familia. Un fragmento: 
Funcionarios imperiales sin país llegaban a Viena desde todos los rincones del ex imperio para descubrir que los ministerios a los que habían enviado sus meticulosos informes estaban cerrados. En las calles proliferaban Zitterer –hombres con temblores, producto del estrés del combate– y amputados con medallas. Se veían capitanes y mayores vendiendo juguetes de madera en las esquinas. Mientras, grandes fardos de ropa blanca con el monograma imperial se abrían paso hasta los hogares burgueses; en los mercados se encontraban arneses y sillas de montar imperiales; y, se decía, patrullas de seguridad habían logrado llegar a los sótanos del palacio y a velocidad decreciente estaban bebiéndose las bodegas de los Habsburgo. 
[Traducción de Marcelo Cohen]
 
 
 
ENTRADA EXTRAÍDA ÍNTEGRA DEL BLOG DE JOSÉ ÁNGEL BARRUECO

miércoles, 28 de marzo de 2012

Dos nuevas adquisiciones publicadas en Origami



De José Ángel Barrueco.




De Adriana Bañares, en su segunda edición.

lunes, 20 de febrero de 2012

vivir y morir en lavapiés de JAB

 
a medianoche
los hombres de lavapiés
y de otros barrios,
de otras ciudades,
de otros países,
sienten esa delgada línea
entre la vida y la muerte

no hay transición entre
el momento en que nace un niño
y en que fallece un hombre
y, para algunos,
la vida se pasa en un suspiro,
cada uno sobrevive como puede,
los enfermos empeoran cuando
la oscuridad se apodera de los cielos,
otros dan sus últimos coletazos
y pasan a dormir el sueño eterno

los sanos,
llegada esta franja horaria,
a veces hacen recuento
y se alegran de haber
salido vivos
de este puto día,
de estar en pie
otro amanecer,
listos para encarar
lo que el destino les
depare cuando
despunte
el alba.


José Angel Barrueco, Inédito

[Texto recortado y extraído de mi novela Vivir y morir en Lavapiés]
extraído de su blog que podeis ver pinchando aquí

miércoles, 14 de diciembre de 2011

JOSÉ ÁNGEL BARRUECO




Es cierto que hace mucho tiempo que no nos vemos, y la verdad, ya tengo ganas de echármelo a la cara para saludarle y darle un buen apretón de manos merecido.

A Barrueco, mi tocayo (como nos solemos llamar amigablemente), lo conocí gracias a su poesía y a aquel poemario que publicó a medias con Javier Das en la editorial YA LO DIJO CASIMIRO PARKER.

No voy a negar que su poesía me gusta e influyó bastante en cosas que yo hice a posteriori. Pero si he de destacar algo de mi tocayo es su otra cara, la cara del narrador, del novelista.

Barrueco se ha destapado, y el que no lo quiera ver es ciego, como un buen escritor de relatos y novelas. Conoce el oficio, lo maneja a la perfección y sabe cómo y cuándo debe o no apretar o aflojar en el texto para mantener al lector totalmente embebido.

Siempre en la sombra, no le gusta la fanfarria de acudir a miles de eventos y de historias similares para hacerlo bien, no va con él. Como todo buen trabajador, como una hormiguita, en su sitio escribe, escribe y escribe para luego parir hijos como los dos de arriba. Los dos últimos hijos que le están dando una posición y un nombre en el panorama de la narrativa actual.

Felicidades tocayo.


domingo, 27 de noviembre de 2011

UN MÉTODO PELIGROSO de David Cronenberg según JAB


La primera sensación que tuve, justo en los créditos finales de Un método peligroso, y a pesar de las solventes interpretaciones del trío de protagonistas y de la sobria dirección de David Cronenberg (uno de mis directores favoritos), fue que me había sabido a poco. Que faltaba algo. Que el filme no era tan contundente como yo esperaba.

En las horas sucesivas, en cambio, estuve dándole vueltas a la película, desmenuzando sus hilos narrativos, analizando la precisión de su mecanismo interno. Y llegué a la conclusión de que, en realidad, es uno de los trabajos más personales y arriesgados del director canadiense. En Un método peligroso todo está bien medido, todo es contención, empezando por los actores; los enormes Viggo Mortensen y Michael Fassbender aportan la frialdad analítica y la moderación expresiva que requieren sus personajes, Freud y Jung, respectivamente; el calor y la pasión los aporta Keira Knightley, especialmente al principio, con su personaje “distorsionado” por la histeria. Se trata de una película que esconde más de lo que muestra, que sugiere en vez de enseñar, que sienta las bases de la ruptura entre aquellas dos mentes del psicoanálisis, que anuncia lo que vendrá (la sangre, la catástrofe, los totalitarismos y las guerras mundiales) mediante sueños y premoniciones y una tensión latente en los modos de ser de sus protagonistas. Algún crítico ha hablado, con acierto, de la teoría del iceberg de Hemingway.

D. C. ha construido un filme de tono teatral (no olvidemos que una de sus fuentes es la obra dramática de Christopher Hampton), contenido y preciso, con dos de los más grandes actores de nuestro tiempo y una actriz que demuestra que, bien dirigida, sabe dominar a su personaje. Los sueños, las pasiones reprimidas, lo prohibido, la culpa, el castigo, la locura y sus límites… Todos ellos son temas que Cronenberg ya había tratado, y que vuelve a tratar aquí de forma sutilísima. A pesar de sus logros, Un método peligroso me parece inferior a Una historia de violencia y Promesas del este. Pero, haga lo que haga David Cronenberg, siempre despide maestría y toques siniestros.




El texto está extraído íntegramente del blog José Ángel Barrueco, con su permiso, no puedo añadir más a sus palabras, pues me parece un análisis bien elaborado. Entrada que podeis ver aquí.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Una buena lectura a cargo de José Ángel Barrueco


¿Cómo contar el barrio más poliédrico de una ciudad que tiene mil caras?, ¿Cómo contar un barrio cuyas calles son arroyos con afluentes de todas las naciones, un barrio que algunas noches se siente república y otras se proclama el Montmartre de Madrid, Un barrio que sólo puedes amar odiándolo un poco y al contrario. Desde su ventana indiscreta, Barrueco parece narrarnos una jornada de Lavapiés en tiempo real. Novela mosaico para un barrio collage, con sus doñas, sus camellos, sus poetas, su pasma, su banda sonora, su vida, y cómo no, su muerte.


extraído de la web de Ediciones Escalera

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Un jamón del calibre 45 de Carlos Salem


De Carlos Salem. Novela que comienza así:

Tres palabras: jodido, pero contento. Así me sentía ese viernes por la mañana mientras caminaba hasta Correos con la mochila a la espalda y los bolsos cruzados. Mi sombra se estiró en la vereda casi desierta y pensé que si me ponía un sombrero iba a parecer el chino de Kung Fu. Yo era muy chiquito cuando pusieron la serie en la tele, pero después la repitieron tantas veces que me la sabía de memoria. Las series siempre se repiten. Como las despedidas.
Me moría de sueño. Había pasado la noche en los bares de Malasaña, que en seis meses en España se habían convertido en las provincias de mi patria provisional. Pude dejar los bolsos en cualquiera de ellos y volver a buscarlos después, pero preferí acarrearlos de un bar a otro y entrar de día en mi nueva casa. No quería llegar como un perro apaleado. Una voz enana en mi cabeza preguntó que cuál era la diferencia y la mandé a cagar. Volvió al ataque sugiriendo que a lo mejor ya era hora de usar el pasaje de vuelta a la Argentina y no supe qué contestar.
Seguían siendo tres palabras, pero a lo mejor tenía que cambiar el orden.
Contento, pero jodido.


conozco a Salem desde hace un tiempo, a Barrueco ídem. Enhorabuena a Carlos por la publicación y gracias José Ángel por el post que he traído de su blog al mío.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Súper 8 según Barrueco




He aquí, por fin, la tercera película de J. J. Abrams como director, tras la interesante Misión Imposible III y la inolvidable Star Trek (destinada a convertirse en un clásico): Super 8, un revival del cine dirigido y producido por Steven Spielberg en los 80.

Lo primero que llama la atención son los guiños a esas películas: los dormitorios de los protagonistas, con toda clase de parafernalia de cinéfilo adolescente (pósters de Star Wars, Halloween, cubiertas de cómics y de revistas de terror… igual que los cuartos que veíamos en E.T. o Los Goonies); la presencia del actor Glynn Turman en el papel del personaje que lo desencadena todo (evidente guiño a Gremlins, donde el mismo intérprete, haciendo de profesor de biología que experimenta con uno de los ejemplares, se convertía en la primera víctima de las criaturas); la pandilla tipo goonie que conforman los protagonistas, donde incluso hay un chaval especializado en inventos caseros, a la manera de Data; sin olvidar el tono sentimental, en esta ocasión anclado en la reciente muerte de la madre del protagonista.

Lo segundo es la maestría del director. Abrams, bajo el patrocinio de Spielberg, ha hecho su propia versión de aquellas cintas con las que muchos crecimos. Como me dijo mi colega Choche: se trata de una película de los 80 hecha en el siglo XXI y con mejores medios. En este sentido, el trabajo de Abrams como director es espectacular: su planificación y sus movimientos de cámara demuestran que detrás hay un hombre que conoce el oficio y ama el cine. Esa cámara se convierte en el ojo inquieto de un voyeur que filma el mundo con una super 8. Si van a verla, fíjense en los ángulos en los que siempre coloca el objetivo.

Super 8 sería redonda si no fuese por dos lastres que la alejan del espíritu ochentero y la convierten en una película entretenida, pero no imprescindible. En primer lugar, no emociona. Y no emociona como, por ejemplo, sí lo hacían E.T. o Regreso al futuro o El secreto de la pirámide o Los Goonies (para que no se me acuse de ser un espectador demasiado joven cuando esos títulos se estrenaron, admito que me emocioné con Inception, la citada Star Trek, Gran Torino, El caballero oscuro o Infiltrados, por hablar de taquillazos actuales). Esa falta de emoción lastra, como digo, el producto final. Y luego está el desenlace: blando, mal traído y demasiado ridículo (me refiero a los últimos cinco minutos de metraje), algo que, por fortuna, se olvida durante los créditos, donde vemos el corto sobre zombies que los muchachos han rodado, una parodia maestra sobre los cortometrajes cutres que los aprendices de cinéfilo hacen en su adolescencia. En suma: como espectáculo y lección técnica de cine, se merece un 10; pero no llega al corazón, no profundiza, no conquista como lo hizo E.T.




entrada entera extraída del blog de José Ángel Barrueco que podeis ver pinchando aquí.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Cirkus Columbia, de Ivica Djikic


En apenas 135 páginas el escritor bosnio Ivica Djikić resume la locura, el humor y la tragedia de Los Balcanes. Algo en su estilo, donde con habilidad evoca la risa y la amargura, me recordó a las películas de Emir Kusturica. Además de su prosa, destaca su galería de personajes, casi siempre blasfemos y con malas pulgas: desertores, soldados, alcaldes, tipos que buscan a su gato perdido, emigrantes que años después deciden volver a su tierra, un hijo que se lía con su madrastra, ex mujeres rencorosas… Para construir su libro, el autor se sirve de varias voces narrativas. Una de ellas es ésta:

Cuando uno pierde la cartera intenta recordar cuándo fue la última vez que la tuvo en la mano, dónde la sacó y con quién estaba. Cuando uno pierde a su padre, los días siguientes a su muerte intenta acogerse a alguna imagen, algo por lo que recordará a su padre y que será lo primero que le vendrá a la cabeza cuando alguien lo mencione. Tardé mucho en encontrar una imagen para mí, tardé mucho en encontrar un momento y una expresión de su rostro que guardaría en mi memoria y rememoraría en cada ocasión que lo recordara. Luego me di cuenta de que casi no conocía a mi padre: sé que tenía mal carácter, que se enfurecía fácilmente y que en tales ocasiones daba gritos y blasfemaba a base de bien, sé que le gustaban los bares y sus colegas y en su interior su orgullo no le permitía que ante los demás, ni siquiera sus mejores amigos, revelara nunca lo que le dolía. Sin embargo, eso es casi todo lo que sé de él y sé que no es mucho.


[Traducción de Maja Drnda]



entrada íntegra extraída del blog de JOSÉ ÁNGEL BARRUECOEnlace