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miércoles, 17 de abril de 2013

El Ulises en Culturamas




Trato de ponerme del lado de todos, parte del prólogo de Ana Pérez Cañamares.
Por lo que conozco a Ángel no podía haber elegido versos más reveladores para comenzar su poemario. Una de las primeras impresiones cuando se conoce a Ángel es que se trata de un tipo afable y conciliador; al leerle, la primera cualidad que destaca en su mirada es la de ser profundamente compasiva.
Pero la vida, esa profesora cabrona que te enseña a base de palos, se ha encargado ya de hacerle entender algo: es necesario elegir. Una cosa es comprender –ese tratar de ponerse del lado de todos– y otra muy distinta es justificar. Quien justifica todo acaba por ser injusto. No se puede estar con los yonquis y con el cura que los echa de la iglesia; no se puede estar con tu padre y con los que le dieron una paliza y lo tiraron al río. Así que Ángel se ha arriesgado a tomar partido –en realidad lo hizo hace mucho tiempo, aunque él se empeñara en seguir aspirando a la neutralidad–, a ponerse de parte de los débiles, no de forma paternalista ni políticamente correcta, sino huyendo de tópicos e idealismos, haciéndolo a la manera de los auténticos valientes: mostrando, para empezar, su propia debilidad, sus contradicciones, sus egoísmos y cobardías. Y el que esté libre de pecado, por favor, que no escriba poesía.
Ángel –siempre con vocación de minoritario: elegido el último para los partidos de fútbol, vocacionalmente indio en las batallas entre vaqueros y pieles rojas– a pesar de todo ha crecido sin rencores. Podría haber renegado o haberse conformado con su esencia de animal de periferia: pero si eres listo –y alguien que recuerda con detalle, probablemente lo es– lo que harás será apostar fuerte. Y cada superviviente que cuenta su historia es una victoria para los que estamos deseosos de aprender y recordar de su mano.
Hay nostalgia en este viaje, pero no una nostalgia sin condiciones: quizá las mejores meriendas eran las de antes, pero los viejos amigos pueden haberse convertido en perfectos gilipollas. El viaje a Ítaca no es un camino idílico, ni siquiera en sus primeras fases; si se es honesto con los recuerdos, tampoco el regreso a la infancia es un viaje de placer. Ángel se piensa muy bien qué vale la pena guardar en la mochila, para que sea lo menos posible lo que le lastre en el viaje.
Y en este viaje con poca carga, la poesía se desnuda también, sin apenas lirismos ni figuras retóricas. Es en el propio relato cuando los hechos aislados, al sumarse, se convierten en otra cosa, en un discurso con un sentido más profundo. Las anécdotas se van tejiendo hasta convertirse en metáfora que las supera y enriquece. En su poema los indios son indios, pero unos cuantos poemas después, caemos en la cuenta de que los hay que siempre seguirán siendo indios, como siempre habrá alguien que les recalifique la pradera, les extermine los bisontes, los recluya en reservas y encima les acuse de ser diferentes y autoexcluirse. Sobre los pantalones su madre remienda parches fruto de las peleas con los otros críos del barrio, pero los parches se van convirtiendo en cicatrices, unas más visibles que otras, como la que cruza, mira por dónde, el dedo corazón, ese dedo que tiene un bonito nombre, pero que sirve para mandar a tomar por culo a los indeseables. Las pelotas que los chavales mayores mandar recoger a los pequeños son también las pelotas que les faltan a esos aprendices de matones para jugarse la vida o las rodillas. La anécdota se convierte en mucho más, por obra y gracia de las conexiones entre las palabras, entre las historias, y terminan por sobrevolar lo personal para hablar de todos. Y así, cada anécdota acaba siendo un parte de guerra.
Es de esta manera, con estas relaciones entre el poema y algo más, y las de los poemas entre sí, como este libro captura la esencia de la poesía. Porque para mí la poesía es sobre todo la expresión de las ligaduras que unen las cosas de este mundo (y los que quieran pueden hacer una lectura mística de esta idea, aunque no sea necesario irse tan lejos). Por eso, la poesía tiene esta capacidad de salvarnos del vacío: porque lo que hace es lanzar hilos y tejer redes entre los seres, los objetos, las ideas, las emociones. Redes que se convierten en redes de apoyo, de denuncia, de consuelo. La poesía expresa el eco de las voces que se llaman para curarnos de la soledad, para cantar la maravilla y llorar el horror de vivir esta vida bella y terriblemente injusta. Por eso este libro es poesía: porque teje una red que salva del silencio y la invisibilidad a seres vulnerables y asustados. Tiende cuerdas entre recuerdos y reflexiones, entre pasado y presente, entre razones e impulsos, entre los que nos creemos a salvo y los que ya han sido condenados –reivindicados aquí, al convertirse en poema.
Ángel ha optado por no maquillar sus palabras, y hay en su desnudez un punto de crueldad con el lector; para nuestro consuelo, lo equilibra con una sencillez que acompaña sin arrogancias. No se pone por encima de nadie, va al paso con el lector, no se convierte en héroe: el único heroísmo es estar aquí y contarlo todo, hablar del del Chichas y el Binchu que fuimos, de los que se perdieron y lo que perdimos, y recordar que si hoy hemos llegado hasta aquí se debe a las elecciones que tomamos, pero también a los azares que nos favorecieron. Y así será en cualquier camino a Ítaca: seguir decidiendo, seguir exponiéndonos a la suerte.
(…)
egoísmo
ahora
que la gravedad
no me atrae
a su seno
mi madre
llama
a diario
para hablarme
de su mierda de vida
de lo que no hizo
de la rebeldía incontrolada
que escondió
en un rincón de casa
y ahora
no sabe
cuál era
de la falta de oyentes
que se hagan eco de sus palabras
de mi abuela
muda de lágrimas
y posesiva inconsciente
el otro día
quise colgarle
el teléfono
pero no pude
tampoco
explicarle
que mi existencia
no era mucho mejor


entrada extraída de CULTURAMAS

jueves, 14 de junio de 2012

Un poema de Jorge M. Molinero


VOY A ACOLCHAR LAS CALLES

Voy a acolchar las calles para
no abrirnos la cabeza. En esta
ciudad asesina de sueños.
Donde la luna olvida acampar
cada noche.
Estamos todos locos y la carne
sabe a clembuterol.

JORGE M. MOLINEROVersos en el desierto, Editorial Bohodón, 2009
(Tomado del blog Sociedad de diletantes. Gracias).


imagen extraída de la web y poema extraído del blog de ANA PÉREZ CAÑAMARES

miércoles, 21 de marzo de 2012

Eventos que se avecinan de interés











Mañana Jueves 22 de Marzo del 2012, en la Sala Triángulo de la ciudad de Lavapiés, a eso de las 18 ó 18,30 horas, Idoia Arbillaga y Miguel Ángel Curiel presentarán sus respectivos poemarios, cuyas portadas podeis ver más arriba, acompañados de Cecilia Quílez y Luis Luna.

Una oportunidad única de ver a estos dos poetas que no suelen prodigarse mucho por Madrid.

Suerte y enhorabuena a ambos.





Seguimos con el DELIRIUM TREMENS que Marcus Versus ha ideado de una manera magnífica. Este Viernes 23 de marzo, a eso de las 22 horas en los Diablos Azules ( C/ Apodaca, metro Tribunal), estarán presentes dos monstruos en esto de la poesía: Jordi Doce y Ana Pérez Cañamares.




Y finalmente, el mismo Viernes 23 de Marzo del 2012, a partir de las 20 horas, en el Volta Café de la C/ Santa Teresa, 9 (cerca del metro Alonso Martínez) , tendrá lugar la presentación/fiesta de la Editorial Origami, que manejan desde hace un tiempo Antonio Huerta y mi querida amiga Ana Patricia Moya. Allí estarán varios de los autores publicados con la citada editorial: José Ángel Barrueco, David González, Pepe Pereza, Adriana Bañares, Marwan y alguno más que olvido.
Por cierto, amenizarán con su música "EL DOMADOR DE MEDUSAS".


martes, 6 de marzo de 2012

UN FRAGMENTO DE MI 15M DE ANA PÉREZ CAÑAMARES









Hace relativamente poco mi amiga y poeta, la Cañamares, me hizo llegar por mail un documento donde exponía, bajo su óptica, su propia visión del 15M y todo lo que vino después. No he podido, tras leerlo, dejar de pensar y reflexionar sobre muchas cosas que cuenta en él. Me removió la conciencia bastante, y por eso os he decidido dejar aquí uno de esos días, que a modo de diario, Ana, redacta en primera persona.

Bravo Ana! Fantástica labor.



28 de mayo

Resaca. Física, espiritual, emocional.

Primera asamblea de barrio. Manuel y yo bajamos por el Paseo de Extremadura temiendo que

seamos cuatro. Tengo que reconocer que voy nerviosa, excitada, muerta de miedo. Pero al llegar

compruebo que somos más de trescientas personas mirándose incrédulas. Siempre la falta de fe. El

lugar elegido -a la salida del metro de Puerta del Ángel- se ha quedado pequeño. Hay gente de todas

las edades. Gente con la que llevo conviviendo en este barrio casi dos años y a la que no había visto

en mi vida. Estamos un poco perdidos en cuanto a la organización; la voz cantante la llevan, cómo

no, unos cuantos chavales con pinta de haber aprendido en Sol. Les veo intentando sacar aquello

adelante, entre aliviada y agradecida por su paciencia. Asisto por primera vez a los prolegómenos de

una asamblea: quién va a moderar, quiénes apuntan el turno de palabra, quién toma acta... Siempre

que he asistido a una estaba ya empezada. Alguien ha traído un equipo de sonido, con altavoces y

micrófono. Llega un chico con una nevera portátil llena de botellas de agua. Todo el tiempo se

insiste en que dejemos un pasillo para la gente que sale del metro; ese es el único problema que

podría surgir frente a la policía. Cada vez que tomo parte en algo relacionado con el 15M no dejo de

sorprenderme: siempre hay alguien que parece haber previsto todos los problemas que podrían

presentarse.

A mitad de la asamblea se acerca una vecina que acaba de salir de uno de los portales de la plaza.

“Los de
las manitas -dice, haciendo alusión al signo de aplaudir en silencio- que sepáis que estáis

arruinando España”. Manuel y yo nos calentamos. A España ya la han arruinado otros, señora, le

gritamos. Pero alguien a nuestro lado demuestra más sabiduría. Le dice a la mujer que hay un turno

de palabra y que estaremos encantados de escuchar lo que tiene que decir. Ella se acerca y pide el

micrófono. Le contestan que hay gente apuntada para hablar por delante de ella, que espere su turno

y podrá decir lo que quiera. Pero ella no está dispuesta a esperar, se da media vuelta y sigue con su

retahíla. Qué gran retrato, pienso. No va a esperar a hablar porque sabe que tendrá que oír cosas que

no le gustan. Sin necesidad de aspavientos por nuestra parte, acaba de retratarse. No voy a dejar de

aprender nunca.

La asamblea se pierde en disquisiciones sobre dónde es mejor reunirse y a qué hora, y si vamos a

permitir que se graben o no -se habla de los derechos de los menores, y también de que hay

personas que no quieren ser identificadas. Me sorprende la lentitud. Hablo y pido una condena

expresa de nuestra asamblea al consejero de interior que mandó apalear a los acampados de

Barcelona. Consenso. Se habla durante bastante tiempo si es necesario o no desmantelar Sol. Este

debate me indigna especialmente. Pido turno de palabra: sí, todos somos Sol, como no paro de

escuchar. Pero... tengo trabajo, una hija, horarios, insomnio, ciática... yo no estoy durmiendo en Sol

y paso por allí a ratos sueltos, cuando puedo y quiero. Yo no me siento con autoridad moral ni de

ningún tipo para exigirle a alguien que se quede, a pesar de su agotamiento, o que se vaya, si va a

sentir que irse ahora es una rendición. Estoy agradecida a Sol, y apoyo la decisión que tome la gente

que está en Sol. Lo que hay que hacer ya se está haciendo, creo. Que el espíritu y la energía de Sol,

su ideario y su organización, su entusiasmo y sus enseñanzas, se irradien fuera, y que si la

acampada se desmantela, ya sea a la fuerza o voluntariamente, no nos pille desorganizados.

Todo me parece particularmente lento; no creo que se trate solamente de mi habitual impaciencia,

sino que además a todo el mundo parece hacerle ilusión hablar para sus vecinos, y los temas y las

opiniones se repiten una y otra vez, se marcha hacia adelante para luego volver hacia atrás. Tengo

que decirme a mí misma una y otra vez que a) todos estamos aprendiendo y b) la gente está tan

poco acostumbrada a expresarse, a que la escuchen, a que su opinión cuente tanto como la de los

demás, que es más que comprensible que quieran hacerlo, aunque repitan opiniones ya expresadas o

añadan poco al tema que se esté tratando. Una vez más, veo que todo lo que está pasando tiene una

lectura común, para todos, y otra lectura que cada persona debe aplicarse a sí misma: en mi caso, yo

tengo que aprender paciencia.

Manuel y yo nos vamos antes de que la asamblea termine. El calor es casi insoportable y hemos

quedado con mi hija y una amiga para llevarlas a comer por ahí. Como siempre que tengo que

marcharme antes de que las cosas terminen, me voy con cierta desazón, como si todo lo importante

estuviera por suceder. En este caso esperaba que la asamblea fuera más efectiva y rápida, que antes

de la próxima se hubieran organizado ya las comisiones- tal y como se funciona en Sol; me voy

repitiéndome que suceda lo que suceda reunir a casi 400 vecinos que son capaces de hablar y

escucharse y verse las caras es un éxito.

Hablo mucho con mi sobrino L. Trabaja para una empresa muy grande y sólida, de las de grandes

beneficios, y ha estado en Sol desde el primer día. Sale de trabajar, coge su moto y se va para Sol.

Me sorprende; nunca hemos hablado mucho de política, y aunque sé que es una persona inquieta y

concienciada no me lo imaginaba también actuando con tanta entrega. Me dice que no se pueden

perder de vista los objetivos principales, que la parte central del movimiento tiene que estar

enfocada hacia la economía. Él trabaja de informático pero habla de economía y de fiscalidad como

un experto. No ha dejado de llevar documentación -artículos, documentales- a la comisión

correspondiente de Sol. Al parecer, sonríen cuando le ven acercarse con sus fajos de papeles para

repartir. Él comienza a desesperarse. No entiende lo que llama la burocratización del movimiento,

tanto comité y grupo de trabajo; y sobre todo, le cabrean las comisiones que él ve innecesarias,

amor y espiritualidad, por ejemplo, se pone enfermo cuando pasa junto a la carpa con el cartel

donde dice Reiki. Dice que el otro día asistió a una ceremonia de servir el té, y no sé si habla en

serio o en broma. Veo en él la misma impaciencia familiar, y dudo de si sus objeciones son más

ideológicas o de carácter. Le digo -y me digo a mí misma- que no sea tan exigente; que si en el

movimiento sigue habiendo propuestas legítimas y justas, que ponga su atención y su interés en

ellas, y que deje a los demás. Siempre habrá a quien le parezca más importante prohibir los toros

que parar los desahucios, y está bien que los frentes se amplíen y las causas justas se multipliquen.

Cada uno se encuentra especialmente sensibilizado hacia una causa, por motivos ideológicos y por

motivos particulares, a veces inconscientes, que también hay que respetar. Que él se enfoque en lo

que le interesa. Por un lado creo en lo que le digo; por otro, sencillamente, me resisto a criticar lo

que pase en Sol. Quiero decir que estoy tan agradecida, tan gratamente sorprendida, que no voy a

juzgar a los que piensan que el amor y la espiritualidad y el reiki también son necesarios. Yo creo

que la poesía es necesaria, y probablemente a muchos les parecerá una gilipollez, una causa menor.

Pues claro. En el momento en que apalean a alguien, la poesía no sirve de mucho. Pero quizás antes

o después... Mi sobrino piensa que esto es lo que le ha pasado siempre a la izquierda, que se

desvirtúa y se deriva y se difuminan sus objetivos, y que tiene miedo de que se pierda la fuerza que

ahora se ha conseguido. Comparto su miedo. Yo también me abrumo con tanta comisión y

subcomisión y grupo de trabajo, con tanta acta, tanta información que no da tiempo material a

abarcar. Pero también pienso si él, o yo, con la exigencia, la impaciencia, la pureza, las ganas de

controlarlo todo, no seremos también herederos de los errores de otros. Quizá hay que aprender a

pensar de otra manera, a ser más abiertos, menos intransigentes, más respetuosos con los ritmos e

intereses ajenos. Sé que no le convenzo; quizá sea por la edad. Pero yo no soy mucho mayor que él;

y con quienes está enfadado es con esos jóvenes que parecen querer hacer las cosas de una manera

nueva, diferente.

Aún me quedan fuerzas para tener fe en lo que hacen otros. Es una novedad en mí: relajarme en la

confianza.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Poesía en el centro, con Ana Pérez Cañamares


No podré ir por los motivos de siempre, laborales. Pero si puedes ir no faltes. Ana Pérez Cañamares te espera allí con un repertorio de poemas magníficos, como siempre.

Un abrazo y mucha suerte Ana, querida.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Texto de la presentación de Menú del día a día escrito por Ana Pérez Cañamares



Tras la lectura del anterior libro de Gsús, dije que Ovejas esquiladas que temblaban de frío es a la poesía lo que la memoria histórica es a la justicia: la voluntad expresa de que el pasado y los recuerdos permanezcan vivos, para que podamos seguir avanzando por el camino de la dignidad sin dejar a nadie atrás.




Menú del día a día no deja de lado los lastres y los tesoros que suponen la historia, la familia, el pasado; sin embargo, yo diría que es un libro escrito en presente. Son poemas del deambular cotidiano y diario por la vida. Pero que no se entienda cotidiano como frívolo, minúsculo o perteneciente al ámbito privado. De hecho, entre los dos poemarios hay una continuidad en los temas y sobre todo en la forma de mirar. Si en el pasado Gsús veía el hambre, aquí lo que ve es aquello que comemos sin ganas, sin posibilidad de elección, sin tiempo para el paladeo o para la sobremesa. Comida para sobrevivir, víveres que nos mantienen en la carrera.



Como en Ovejas esquiladas, el sentimiento predominante sigue siendo el de la compasión, también de sí mismo, pero en cuanto humano, sin regodeo egoico, sin justificaciones morales, sin autocomplacencia. En cada poema no deja de recordarnos que el poeta es uno más entre los mortales.



Gsús se las apaña para hablar de él y a la vez para contar la historia de cada pequeño o gran agravio que todos sufrimos. Conecta con la profunda humanidad que le late dentro. Traza un camino, o más bien, algo más humilde, una senda para la dignidad, que no puede ser idealizada, sino que tiene que tener también grandes dosis de autocrítica, de sinceridad y desnudez.

Gsús se coloca tan en el centro de la vida, tan en la carne viva de sus poemas, que hablándonos de él nos habla además de un panorama de desolación general, de hambre espiritual.



Sus ideas y reflexiones no son frías, intelectualizadas, sino que van siempre unidas a la emoción. Yo lo leo como leería una suerte de periódico de la conciencia. Lo que podría verse a través de cada titular, si el titular nos permitiera ver la sangre, el sudor, la tristeza que cada noticia lleva dentro. Los nombres que laten detrás de cada número. En su periódico, Gsús escribe las cartas al director, las noticias, las necrológicas, los reportajes, a través de sus reacciones emocionales y físicas al verdadero periódico, el real, el existente, que nos mancha de tinta las manos. Un periódico en el que la fotografía de portada sería esa imagen en negativo del cielo nocturno atravesado por estrellas: el alma humana, toda luz, pero cuajada de pozos negros, que le dan relieve y profundidad. Todo existe de la mano de su contrario. La sencillez es de todo menos simple. En cada persona hay un cielo, y un pozo, y petróleo. Y el petróleo enriquece pero mancha.



A lo largo del libro nos recuerda sobre todo que nuestro día a día es un pacto, un continuo malabarismo entre contrarios, un compromiso entre lo que queremos, lo que podemos, y lo que nos dejan. Por eso, diría yo, es un libro que refleja sobre todo la contradicción a la que nos vemos empujados, y que de alguna manera está en nuestra esencia. En él aprendemos que la verdadera fortaleza es el atrevimiento de mostrarse vulnerable. La valentía, hablar del cobarde que nos mantiene vivos y a salvo. Aprendemos que si somos justos, y sacamos a pasear a la víctima que llevamos dentro, habremos de enseñar también al cómplice y al verdugo que nos habitan. Y estos diálogos imposibles que somos también se muestran en el tono, que va con naturalidad de la ironía a la emoción, y de la humildad al orgullo.

Siendo Gsús un hombre bueno, huye conscientemente del buenrrollismo, esa coartada superficial que nos permite no meternos a saco en nuestra condición de humanos, en nuestros dolores y debilidades, en la cruz de cada cara.

Hay un texto de Jorge Riechmann, de su libro Poesía practicable, que resume muy bien la disyuntiva que somos y que sólo puede resolverse en suma : “¿La destrucción o el amor? ¿La desesperación o el juego? Destrucción y amor; desesperación y juego. Nos reconocemos en la dignidad de la cópula “y”, que separa con piedad los labios de nuestra herida.”



La metáfora alrededor de la cual gira todo el libro, la del menú cotidiano, la de aquello que nos sirven queramos o no, fuera siempre de nuestro alcance la carta en la que podríamos elegir el plato, me parece especialmente acertada. Porque leer este libro es asistir al proceso de una digestión. Por Gsús pasa el mundo. Vemos cuánto tardan en digerirse algunas cosas; cómo otras se le quedan atravesadas en la garganta y otras no tiene más remedio que vomitarlas.



La gran última contradicción que se comprende en estos poemas llega casi al final de la lectura: cuando nos negamos a que las palabras nos sirvan de escondite, cuando nos resistimos a que la belleza sea un fin a cualquier precio... entonces las palabras nos premian con su luz y su consuelo.



La palabra hambre puede alimentar.


Ayer por una serie de motivos no pude acudir a este evento magnífico, pero si os quiero dejar aquí el texto de presentación de Ana Pérez Cañamares para el poemario de Gsús Bonilla, a quienes también acompañó Batania. Mi enhorabuena Gsus. El texto extraído del blog de Ana aquí

jueves, 27 de octubre de 2011

Ana Pérez Cañamares en el Tren Vertical



Este sábado 29 de octubre, a las 20.30 h., leeré poemas en el bar Malatesta (C/ Olmo, 3, Lavapiés), dentro del ciclo El Tren Vertical, organizado por Alfonso López. Me encantaría veros por allí. Besos y abrazos,
Ana


Dos personas que admiro, quiero y respeto por distintos motivos: Ana Pérez Cañamares y Alfonso López se unen este sábado para un evento único.

La autora de los poemarios "La alambrada de mi boca" y "Alfabeto de cicatrices" y del libro de relatos cortos "En días idénticos a nubes", todos publicados en Baile del Sol, debería ser siempre una cita ineludible para los amantes de la poesía.

Suerte Ana.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Dos poetas: Ana Pérez Cañamares y Vanesa Pérez-Sauquillo


MI PATRIA ( para Enrique Mercado)

En la luz del mediodía
hay un rumor deshabitado
que bate las cuerdas de la ropa
que levanta una patria
en mi balcón.








dime,
si me frotabas
hasta romperme en hebras,
por qué nunca pasaste los dedos
a través.
Por qué no me agarraste.

Evento de hoy y un par más

Estarán muchos amigos, por motivos laborales no podré acudir, pero ánimo desde aquí.



Este viernes me marcho a Sevilla, a un lugar mítico, un templo del flamenco y de la literatura que se llama "La Carbonería".

He visto fotos de este lugar en las que sale El Cabrero, ahí es nada...

En La Carbonería también se presentan libros, se hacen recitales poéticos y lecturas de relatos... Y sí, en este lugar emblemático de Sevilla me esperan el viernes...

¿Y para qué? Pues a eso iba: para que presente allí un libro que salió publicado hace ya dos años en la editorial tinerfeña Baile del Sol (¡cómo pasa el tiempo!): HABLANDO DE LEYENDAS, libro éste en el que tuve el placer de trabajar con el poeta y narrador David González y el periodista inglés Jim Jump. Dos años ya durante los que me han invitado a leer poemas y a contar las típicas aventuras y anécdotas que cuento por toda España. Será la primera vez que vaya a Sevilla...

Los detalles del evento están en la tarjeta-invitación adjunta.





Esta tarde El Desvelo ediciones presenta "Contraataque" de Siegfried Sassoon, con Ana Gorría, Eva Gallud y Alberto Santamaría.

martes, 22 de marzo de 2011

Varsovia, un poema de Ana Pérez Cañamares

(Calle Prozna. Formó parte del gueto de Varsovia.)




VARSOVIA

Estoy tomando una cerveza
frente a lo que fue tu casa.
Ahora tu casa es un símbolo
y los símbolos no son habitables.
Para ti debió de ser
lo que nunca tendrían
que dejar de ser las casas:
entrechocar de platos
risas que estallan
sábanas estiradas para proyectar
la película velada del sol:
una película que habla de felicidad
o cuanto menos
de la seguridad de un refugio.
Refugio del trasiego y los ruidos de la calle
nunca del horror.
A través de los visillos
el horror no se presupone.

Me cuentan historias. Soldados
lanzando niños a través de las ventanas.
Soldados cortando barbas y patillas
a navaja, en la calle: carnavales de humillación.
Me cuentan historias, pero tu casa
no parece propiedad del infierno.
Está vieja, sí, y hay algún agujero de bala
bajo un alféizar, como marcas de los dedos de dios
al hundirse en barro sólido. Señalando
a los elegidos o a los condenados.
A pesar de todo, como todas las casas,
sigue teniendo algo
de tierno y de inexpugnable.

Estoy bebiendo una cerveza.
No a mi salud, ni a la tuya.
¿Qué podría decir de ti?
De ti no tengo recuerdos
y siento pudor de imaginarte.
Tengo memoria de la humanidad.
Aún la tengo. Y tengo también una casa.
La recuerdo ahora: los platos
las sábanas, las cortinas:
tesoros que me delatan como ilusa propietaria.
Una puerta blindada: el foso
que ningún ejército ha puesto a prueba.
Pero más allá o más acá de las casas
hay un lugar. Un lugar que
aunque queramos compartir
aunque quieran invadir
no es un territorio ni una ruina.
Es el lugar al que escapaste
un segundo antes de que la puerta
fuera derribada. O un segundo después.
Cuando comprendiste que las casas
pueden parecernos un universo
pero ni siquiera son un país.
Y un grito en otro idioma abre
de par en par las ventanas
que lo expulsan a la calle como un vómito.
Las casas no pueden digerir
la violencia de los extraños.

Tiene que haber un lugar.
El lugar que no me revela tu foto.
El lugar que otros no destruyen
con palabras o con bombas.
Rata allí no significa nada.
El dolor puede nublarlo
pero no lo tapia.
Es el gueto que levantamos
dentro de nosotros.
La tumba que elegimos ocupar.
No la que nos señalan.

El búnker dentro de ti.

ANA PÉREZ CAÑAMARES



HOY NO QUERÍA PONER MÁS ENTRADAS, PERO LEER ESTE POEMA DE MI AMIGA ANA HA CONSEGUIDO QUE ME LO PIENSE. ARAÑA POR DENTRO ESTE POEMA.

PARA LEER MÁS DE ESTA MUJER PINCHA AQUÍ.