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domingo, 16 de septiembre de 2012

LOS BOCADILLOS de Pepe Pereza








Vamos conduciendo. Debido a la hierba que estamos fumando nos entra un hambre cruel, así que paramos en el primer pueblo que encontramos. A la primera persona que vemos le preguntamos por un sitio para comer. El aldeano nos dice que sigamos calle arriba y daremos con, según pronuncia, el bar “Keroa”. Andamos hasta llegar a un local con amplia cristalera llamado realmente “Kerouac”. Entramos y echamos un vistazo a los expositores de la barra, sólo hay bolsas de patatas fritas, cortezas y algún que otro dulce. Nosotros queremos algo más consistente y que además esté caliente. Pregunto a la camarera, una señora de unos sesenta años, bajita y desenvuelta. Nos dice que sí, que la cocinera nos puede preparar unos bocadillos. Los elegimos de lomo a la brasa con pimientos del Piquillo. La camarera entra en la cocina para comunicar el pedido a la cocinera. Aprovechas para ir al servicio, yo opto por amenizar la espera con el humo de un cigarro. El bar es amplio y pasado de moda, bien iluminado gracias a la gran cristalera que deja entrar la luz diurna. Los parroquianos habituales son unos pocos jubilados que repartidos por las mesas del fondo juegan a las cartas o al dominó. Es el típico bar de pueblo. De pronto, un anciano que está sentado al fondo vomita sobre su mesa. Lo hace con toda la naturalidad del mundo, como si fuera una costumbre arraigada y respetada por todos. El resto de los presentes se apartan con muecas de asco. El anciano se levanta y sin hacer caso de los comentarios y las recriminaciones abandona el local. Las protestas llaman la atención de la camarera que en estos momentos sale de la cocina. Al ver la vomitona se lleva las manos a la cabeza y se santigua. Sales de los servicios y te detienes para observar cómo la camarera echa el grito al cielo y entra en la cocina sin parar con sus aspavientos. Cuando descubres el motivo y ves los vómitos se te escapa una arcada. Vienes a mí sin creerte lo que has visto.
- Está todo lleno de sangre.
- ¿Sangre?
- Sí, sangre.
- ¿Estás segura?
- Claro que estoy segura, la acabo de ver con mis propios ojos ¿Qué ha pasado?
- Un abuelo ha vomitado. Por eso dudo de que sea sangre. Seguro que es vino.
- Te digo que es sangre. Si no me crees acércate tú mismo a míralo…
♫♫♫♫ Suena tu móvil. Lo coges del bolso y… ♫♫♫♫…contestas. Dentro del bar no hay cobertura así que tienes que salir a la calle para poder atender la llamada.
La camarera sale de la cocina sosteniendo el mocho de una fregona. Recoge los vómitos del suelo y vuelve a la cocina con la fregona escurriendo. Me fijo en los goterones que deja en su recorrido. Efectivamente es sangre, tú tenías razón. Ese anciano debe sufrir algún tipo de enfermedad que le obliga a vomitar sangre. Me pregunto por qué la camarera no utiliza un cubo con agua y jabón para fregarlo todo como es debido. Con su acción lo único que está consiguiendo es esparcir la sangre por todo el local. De hecho, cuando sale de la cocina me sorprende de que no lleve un cubo lleno agua para acabar el trabajo de limpieza. En su lugar utiliza unas servilletas de papel y con ellas limpia la mesa que ha vomitado el anciano. Como es natural las servilletas se empapan enseguida y es inevitable que se pringue los dedos. Asisto incrédulo a la falta de higiene de la señora. Regresa a la barra sujetando las servilletas con el pulgar y el índice para arrojarlas al cubo de la basura que oculta detrás del mostrador. Después ni siquiera tiene el detalle de lavarse las manos, tan sólo se las frota en el delantal y con eso se da por satisfecha. Entras de nuevo al local.
- ¿A que no sabes quién era?
Yo no quito ojo a la camarera. Quiero ver si se lava las manos. Por mucha hambre que tenga no voy a comerme algo que ella haya tocado con las manos sucias.
- ¿A que no sabes quién llamaba?
- Ni idea.
- Mi hermana, desde Londres. Te manda recuerdos.
- Se los devuelves con un beso cuando vuelvas a hablar con ella.
No dejo de vigilar a la camarera. Tú te apoyas en la barra y te muestras impaciente, tienes tanta hambre que no puedes esperar a que nos sirvan la comida.
- ¡Qué hambre tengo! Me comería una ternera entera si me la pusieran en un plato.
Me siento tentado de comentarle lo sucedido, aunque prefiero no aguarte el apetito. La camarera entra en la cocina. Al perderla de vista ya no puedo controlar si se lava o no las manos. Me digo que sí, que se las va a lavar en el fregadero de la cocina. Trato de convencerme de que es así. Al rato sale con los bocadillos y los deja sobre la barra. Tienen una pinta estupenda. Echo una mirada a sus manos. Me gustaría vérselas mojadas, pero no es así. Se las ha secado con una toalla antes de salir, me digo. Te lanzas a por uno de los bocadillos y de inmediato le asestas un mordisco.
- ¡Hummm!, está buenísimo.
Intento dejar a un lado los escrúpulos y cojo el mío. Lo examino buscando restos de sangre. No veo nada fuera de lo normal. Le doy un mordisco, está exquisito. El pan es blando, la carne está en su punto, los pimientos también. La cocinera es toda una profesional. Lástima que la imagen de la camarera sujetando las servilletas empapadas en sangre no se me vaya de la cabeza. Al tragar siento un nudo en el estómago y tengo que hacer un gran esfuerzo para reprimir una arcada. Tú devoras tu bocata con una sonrisa en la cara. Hago un último intento por comerme el mío, lo abro y le quito los pimientos, su color me recuerda a la sangre escurriendo del mocho.
- Si no los quieres dámelos a mí.
Te los doy.
- Están riquísimos, tonto.
Intento un segundo mordisco, pero estoy a punto de vomitar. Dejo el bocadillo sobre la barra.
- ¿Qué pasa?
- No me apetece comer.
- ¿Te encuentras bien?
- He perdido el apetito. Supongo que es por los porros.
Das por buena mi respuesta y sigues comiendo. Me fijo en los goterones de sangre que han quedado en el suelo y vuelvo a sentir nauseas. Me concentro en la luz que entra por ventanal mientras devoras tu bocadillo. Cuando lo terminas sigues con el mío.
pepe pereza

miércoles, 29 de agosto de 2012

EL SUBALTERNO de Pepe Pereza







Hay días que es mejor no levantarse. Eso pensó Lucas mientras ensamblaba piezas en una cadena de montaje de una fábrica apestosa en la que llevaba trabajando más de doce años. Su tarea consistía en ensamblar dos piezas metálicas con una tuerca y una llave del 19. Debía asegurarse de que ambas piezas quedasen bien sujetas para seguir con las siguientes. Las piezas nunca se acababan, y antes de dar la última vuelta de tuerca ya estaban llegando otro par de piezas por la cinta transportadora. Tenía que realizar su trabajo a toda prisa y no podía dejar pasar ninguna pieza sin ensamblar.
Ese día en concreto estaba siendo un mal día, y lo estaba siendo porque Matías, el encargado, no paraba de tocarle los cojones.
- ¿Se puede saber qué coño te pasa esta mañana? Estás dormido Lucas. A ver si espabilas.
A Lucas no le pasaba nada. Trabajaba al ritmo de todos los días, es decir, a toda hostia. Pero Matías esa mañana se estaba desahogando a placer con el pobre Lucas. Éste guardaba silencio. Haciendo caso omiso de los comentarios despectivos de su encargado. Concentrándose única y exclusivamente en hacer su trabajo lo mejor posible.
- Me cago en Dios, Lucas. Esa pieza va floja. Repásala.
Lucas repasó la pieza.
- La pieza está bien.
- Ahora vas a saber más que yo… Venga joder, que no tenemos todo el día.
Claro que él sabía más. De hecho llevaba doce años haciendo el mismo trabajo y sabía que para que las piezas quedasen bien ensambladas había que darle cinco vueltas a la tuerca. Ni una más ni una menos. Cinco vueltas, que son las que había dado. Pero si Matías decía que había que comprobar la pieza, se comprobaba y ya está. Lucas siguió con su trabajo. Tratando de recuperar el tiempo que le había hecho perder el encargado.
- Espabila Lucas.
Lucas se preguntaba por qué Matías la había tomado con él. Él era un buen trabajador. Nunca había faltado a su trabajo. Siempre puntual. No causaba problemas y se llevaba bien con todo el mundo. Con todos excepto con Matías. Y que conste que no era por su culpa. Él siempre fue cortés y educado con Matías. Nunca le faltó al respeto y siempre obedecía sus órdenes. No, Lucas no podía entender la antipatía que Matías sentía por él.
- Venga joder, que estás dormido.
Lucas sudaba a mares a causa del esfuerzo y la presión. Maldijo su suerte por dentro, tragándose el orgullo y la vergüenza de ser humillado delante de sus compañeros.
- ¿Qué pasa? ¿Te pasaste la noche follando con la parienta y ahora no rindes?
A Lucas le hubiera gustado decirle que eso no era asunto suyo. Prefirió callarse. Tenía miedo de dejarse llevar. Temía despertar a la bestia que durante tanto tiempo había encerrado en lo más profundo de su ser. Sí, era mejor callarse y aguantar. El tiempo pasaría y podría regresar a casa con su mujer. Por unas horas podría olvidarse del trabajo y del malnacido de su encargado.
- ¿Se puede saber en qué cojones estás pensando? Métele caña, joder. Que en vez de sangre parece que tienes horchata.
Aguanta Lucas, aguanta. Solo es un mal día, ya has tenido otros y los has superado. Aguanta. Solo unas horas más y regresarás a casa. Podrás servirte una copa y sentarte junto a tu mujer en el porche. Y ahí estaba Lucas, ensamblando la pieza de turno. Sudando como un condenado. Con calambres en espalda y brazos. Con el orgullo dolorido y haciendo todo lo que estaba en su mano para aguantar los envites de su jefe.
- ¿Seguro que esa pieza va bien?
- Seguro.
- Revísala.
- Te digo que va bien.
- Y yo te digo que la revises, cojones.
Lucas obedeció y revisó la pieza a sabiendas de que estaba bien.
- Está bien, como te he dicho.
- Date caña que se te pasa esa otra pieza.
Cada pieza que tenía que revisar le retrasaba con la siguiente. Lucas tuvo que esforzarse al máximo para volver a coger el ritmo. Su trabajo de por sí era un coñazo, pero con Matías encima llegaba a ser insoportable. Lucas rogó para que el tiempo pasase rápido. Además, con tanto sudar se estaba deshidratando. Necesitaba beber agua. Tenía la botella a sus pies, pero estando Matías cerca era mejor aguantar. Lucas estaba seguro que si hacía mención de beber agua, Matías se lo iba a reprochar. Prefería pasar sed que aguantar otra de sus broncas. Siguió con su trabajo a pesar de tener la lengua seca como un felpudo. Ni siquiera podía beber un trago de agua sin que se lo recriminasen.
- ¡Me cago en Dios! Lucas. Estate atento, no ves que esa no está bien.
- Esa pieza está bien, como lo estaban las otras.
- Que no me repliques, joder. Tú haces lo que yo te digo y basta.
Lucas dejó la llave a un lado y se agachó a por la botella de agua.
- Deja la puta botella y revisa la pieza.
Lucas se quedó mirándole, sopesando si debía partirle la cara o continuar tragando mierda.
- Te digo que dejes la botella y revises la pieza.
Lucas dejó la botella en el suelo, cogió la llave y revisó la pieza.
- La pieza está bien.
- Pues me alegro, pero métele caña que se te acumula el trabajo.
- Si no estuvieses tocándome los cojones seguro que no se me acumulaba.
- A mí me pagan para tocarte los cojones.
Las piezas se acumulaban y él no podía más. Le dolían los músculos de la espalda, tenía las manos entumecidas, la frente perlada de sudor y la boca seca.
- Vamos Lucas, vam…
Lucas no fue consciente de asestar el golpe. Solo escuchó un crujido. Un crujido sordo como el reventar de una nuez. Matías cayó al suelo con la cabeza abierta. Lucas dejó la llave manchada de sangre sobre la cinta transportadora y la observó mientras se alejaba. Luego cogió la botella de agua y bebió hasta saciar la sed.

® pepe pereza (Momentos extraños) 
 
 
extraído de su blog aquí

sábado, 7 de julio de 2012

EL PUTO AMO by Pepe Pereza


Paulino había sido un subordinado toda su vida. Sus escasos estudios le impedían optar a algo mejor. Con el tiempo había asumido que seguiría así hasta que la jubilación lo apartase de su oficio. Hasta que llegase ese momento seguiría limpiando oficinas. Como era el último mono, cualquier pichicato podía ordenarle fregar lo que otro había ensuciado. Y él se veía obligado a obedecer sin dejar de sonreír. Tantas horas de sumisión alteran el carácter y la personalidad de cualquiera. Lo vuelven débil y cobarde. Llega un momento en el que agachar la cabeza ya no importa demasiado. Te convences a ti mismo de que lo que realmente importa es la nómina. Al final, en lugar de protestar por tus derechos más legítimos, hundes la mirada en el suelo y dejas que cualquiera pase por encima de tu orgullo. Pero Paulino tenía un método, una válvula de escape: Sadomaso. Acudía a aquellos locales una vez por semana. En cuanto se calzaba la máscara de cuero se transformaba en un tipo dominante que dando órdenes sin titubear sometía a su sierva. Si no era obedecido de inmediato sacaba la fusta y azotaba las nalgas de la mujer hasta hacerlas sangrar. Entre aquellas cuatro paredes él era el puto amo. Con la máscara de cuero él ostentaba poder. Un poder de alquiler y pagado de antemano, pero néctar vigorizante para su dignidad. La puta lamía literalmente sus botas mientras él, henchido de satisfacción, le gritaba:
- ¿Quién es tu puto amo?
- Tú y solo tú.
Paulino era consciente de que todo era un juego, no obstante las palabras de la puta le sabían a gloria bendita. Allí, él era un h-o-m-b-r-e.
- ¿Quién es tu puto amo?
- Tú y solo tú.
- ¡Dilo más alto!
- ¡¡TÚ!!
- ¡Más alto, qué te oiga todo el mundo!
- ¡¡¡TÚ, TÚ Y SOLO TÚ!!!
Entonces eyaculaba en la cara de la fulana.
En cuanto se quitaba la máscara Paulino dejaba de ser altivo y volvía a su personalidad habitual, es decir, un tipo mediocre y apocado.
Al día siguiente, mientras pasaba la fregona, pensaba en su sierva recibiendo el esperma en la boca. Entonces su pene se levantaba como un puño en alto. Un inhiesto estandarte con el que protestar por tanta servidumbre. Y ya que él se tenía que doblegar a diario, en compensación y por justicia que su polla hiciera lo contrario.
Texto: pepe pereza
Ilustración: Pedro Espinosa
 
 
EXTRAÍDO DE SU BLOG ASPEREZAS

martes, 19 de junio de 2012

Baco/ Pepe Pereza/eventos y libros




Mañana, mi colega Baco (Esteban Gutiérrez Gómez) estará en los Diablos para hacernos ver, al que todavía no lo lograse, la realidad asquerosa que nos circunda y tanto apesta.





Sábados literarios de Logroño. En ellos estará mi colega Pepe Pereza del cual pongo a continuación una entrada entera sacada del blog de David González:






Todo lo que tenía que decir sobre este libro de relatos del escritor Pepe Pereza ya lo he dicho en el prólogo, así que, sin más preámbulos, paso a postear el principio de algunos de ellos:






Así da comienzo El robo:
Todo el mundo se jactaba de haber robado en esos grandes almacenes, de hecho, Simago era conocido comúnmente como Simango. Por aquel entonces no había alarmas electrónicas y sólo se contaba con la eficacia de los vigilantes para evitar los hurtos. Todos presumían de lo fácil que era llevarse algo de aquellos grandes almacenes. Yo no, jamás había robado nada en Simago, entre otras cosas porque mi padre trabajaba allí, en la sección de carnicería, y no era cuestión de poner en peligro su puesto de trabajo. Robaba en otros sitios.
Era verano y en el colegio nos habían dado vacaciones. Yo tenía trece años y empezaba a aficionarme a los cómics y a los libros de aventuras. El problema era que tanto unos como otros estaban fuera del alcance de mi economía. La paga que me asignaban mis padres era ridícula y por mucho que me empeñase en ahorrar nunca lo conseguía. Para hacernos con los números que salían de Spiderman y otros superhéroes, mis amigos y yo acudíamos a la librería Balmes, un sitio pequeño con un solo dependiente. Le pedíamos que nos sacase los cómics de la colección Marvel, el dependiente dejaba una pila de revistas encima del mostrador y nosotros nos lanzábamos a escudriñar las portadas en busca de esos números que no teníamos. Cuando localizábamos algo lo escondíamos entre la cintura y el pantalón, ocultando el resto con la camiseta. Éramos tan hábiles que el dependiente nunca nos pilló.
 
 
 
 
 
Así da comienzo Eligiendo un camino:
1982. Acababa de cumplir dieciocho años. Mi pelo largo, muy largo, y mi ropa extravagante le decían a todo el mundo que era el rebelde más insurrecto del planeta. Mis bolsillos daban cobijo a cuantas drogas caían en mi poder: hachís, speed, coca, LSD, pastillas..., excepto heroína, todo lo demás era bien recibido. En esos tiempos la vida era maravillosa, incluso sin drogas, pero ya que las había las tomábamos. No sabíamos de límites. Todo era nuevo y las sensaciones las desvirgábamos día a día. Los caminos estaban por andar, sólo era cuestión de elegir uno. Nosotros siempre escogíamos el de la diversión y la aventura. Padres y educadores nos prohibían hasta el respirar, mientras que nuestros escritores favoritos nos daban alas para volar por encima de todas las prohibiciones. Por supuesto, hacíamos oídos sordos a las palabras de nuestros progenitores y nos tomábamos al pie de la letra las enseñanzas de gente como Kerouac o Bukowski. Cuanto más nos prohibían los primeros, más caso hacíamos a los segundos. Éramos jóvenes y rebeldes, ¿qué otra cosa podíamos hacer?

 

 


 
 Así empieza Últimas escenas en Barcelona:

Estábamos rodando una película en los alrededores de Teruel. No era una película con un gran presupuesto pero el guión era bueno y yo era el protagonista, ¿qué más podía pedir? Dado que en Teruel el tiempo había cambiado y que la lluvia no cesaba, el director ordenó al equipo trasladarse a Barcelona para rodar unas escenas pendientes. Yo no participaba en dichas escenas, no obstante viajé con los demás hasta la Ciudad Condal. Barcelona era de mis ciudades favoritas y no quise perderme la ocasión de visitarla. Debido a lo precipitado de las circunstancias los de producción apenas tuvieron tiempo de conseguir habitaciones para todo el personal y a mí tuvieron que hospedarme en un viejo hotel de tercera categoría.
- Oiga, en las sábanas de mi cama hay sangre.
Me quejé al recepcionista.
- ¿Cómo dice?
- Digo que las sábanas de mi cama están manchadas de sangre.
No es que hubieran degollado a nadie, tan sólo eran unos pocos goterones, pero no era cuestión de dejarlo pasar.
- ¿Suya?
- No.
- Entonces, ¿de quién es la sangre?
- ¿Cómo quiere que lo sepa? Yo acabo de llegar. Ustedes me han dado esa habitación. He deshecho la maleta, me he aseado y cuando he apartado la colcha con la intención de tumbarme un rato, he visto que las sábanas estaban manchadas de sangre.
Pepe Pereza. Relatos del humo (y hachís). Editorial Origami, febrero 2012. Prólogo: David González. Fotografía de portada: Capear. Figura de Origami: Óscar Cardeñosa. Correctora: Adriana Bañares.



jueves, 10 de mayo de 2012

Unas líneas sobre RELATOS DEL HUMO (Y HACHÍS) de Pepe Pereza



Escribir algo, unas frases siquiera, sobre el libro de relatos cortos que Pepe Pereza ha publicado con la editorial Origami no es una tarea que resulte difícil. Y digo esto por dos cosas fundamentales: a) ya conocía y seguía la escritura/línea de Pereza, y b) es un libro de una lectura muy sencilla lo que no debe llevarnos a error en el contenido que nos espera.

Está claro que Pepe se ha forjado a sí mismo con el paso de los años evolucionando de una manera muy clara en su escritura. Algo que por otro lado no es inhabitual siempre que precies tu propio trabajo. Muestra de ello es el salto cualitativo que ha dado desde su anterior libro de relatos "Putas" hasta este "Relatos del humo y hachís".

En los relatos del humo y hachís, e incluso en la propia portada, parece que vaticina algo que puede resultar obvio. Seamos claros: drogas. Pero no, o al menos no en una determinada medida. El hachís o las drogas en general: LSD, speed, cocaína, etc; son excusas para mostrarnos el lado más, quizá, lírico del autor. Pues los textos están cargados de eso precisamente, de un indudable lirismo en donde se puede apreciar el gusto que siente el autor por la poesía. Evidentemente no descarta sus lecturas-base como son Kerouack o Buko a la hora de narrar, pero Pereza ha conseguido su sello propio en este libro.

Un sello propio que lleva a contar historias propias, siempre duras y con un sentido de la soledad tremendo. Pero una soledad, bajo mi humilde punto de vista, escogida. No es lo mismo la soledad escogida que la soledad forzosa. Esto ya se atisba en los relatos de infancia que narra en primera persona incluidos en el apartado de NO FICCIÓN, y por supuesto también en HÍBRIDOS y FICCIÓN. En estos últimos incluso es capaz, y lo logra de una manera sublime, meterse en la piel del protagonista de cada uno de los relatos.

No quiero aburriros con más peroratas. Es mejor que os hagais con el libro y página a página el mundo de Pereza os absorba, como ha conseguido conmigo.

El peloteo, el dorar la píldora no me va. Pero os diré una cosa, cuando empecé a leer a la generación beat me fascinaron. Ahora no tanto, es cierto. Mis lecturas van por otros derroteros aunque no pueda eliminar la pátina que los Ginsberg, Neil y compañía dejaron en mí. Pereza no creo que sea beat, ni va de beat, ni siquiera lo pretende por mucho que la gente quiera encasillarle. Pereza va de lo que es: de Pereza.

Ángel dixit.


lunes, 16 de abril de 2012

PEPE PEREZA y sus Relatos de Humo (y Hachís)



Las lecturas se me acumulan, y una que tengo pendiente es la del libro de mi buen amigo Pepe Pereza. Está claro que en cuanto lo lea lo reseñaré como es debido. Eso sí, mientras tanto copio, literalmente la entrada que sobre el citado libro hace Barrueco en su blog, como un pequeño adelanto de lo que os espera/me espera al que lo tengo entre sus manos.


Estaba conduciendo por la autopista cuando me invadió un intenso sentimiento de tristeza. Sin más mis ojos se llenaron de lágrimas que desenfocaron la visión de la carretera. Me las sequé con el dorso de la mano y traté de averiguar el motivo de mi desánimo. Indagué en mi interior. No encontré nada que fuera digno del abatimiento que sentía. No era normal que un sentimiento me afectara tanto, y más sin tener un porqué. Me di cuenta de que iba demasiado rápido y aflojé el acelerador, de ciento sesenta bajé a ciento diez kilómetros por hora. No era cuestión de perder el control por un insensato sentimiento que no tenía razón de ser. Apagué el cigarro en el cenicero y entonces tuve una premonición. Supe que mi tristeza se debía a que de un momento a otro iba a tener un accidente mortal.
[Del relato “Atrapado”]
extraído del blog de BARRUECO

miércoles, 21 de marzo de 2012

Eventos que se avecinan de interés











Mañana Jueves 22 de Marzo del 2012, en la Sala Triángulo de la ciudad de Lavapiés, a eso de las 18 ó 18,30 horas, Idoia Arbillaga y Miguel Ángel Curiel presentarán sus respectivos poemarios, cuyas portadas podeis ver más arriba, acompañados de Cecilia Quílez y Luis Luna.

Una oportunidad única de ver a estos dos poetas que no suelen prodigarse mucho por Madrid.

Suerte y enhorabuena a ambos.





Seguimos con el DELIRIUM TREMENS que Marcus Versus ha ideado de una manera magnífica. Este Viernes 23 de marzo, a eso de las 22 horas en los Diablos Azules ( C/ Apodaca, metro Tribunal), estarán presentes dos monstruos en esto de la poesía: Jordi Doce y Ana Pérez Cañamares.




Y finalmente, el mismo Viernes 23 de Marzo del 2012, a partir de las 20 horas, en el Volta Café de la C/ Santa Teresa, 9 (cerca del metro Alonso Martínez) , tendrá lugar la presentación/fiesta de la Editorial Origami, que manejan desde hace un tiempo Antonio Huerta y mi querida amiga Ana Patricia Moya. Allí estarán varios de los autores publicados con la citada editorial: José Ángel Barrueco, David González, Pepe Pereza, Adriana Bañares, Marwan y alguno más que olvido.
Por cierto, amenizarán con su música "EL DOMADOR DE MEDUSAS".


Pepe Pereza y sus "Relatos del humo (y hachís)"








El libro contiene dieciocho relatos y está dividido en tres partes. La primera y más extensa, la forman nueve historias de no-ficción (me permito utilizar el término que en su día acuñó mi amigo el poeta y narrador David González) El compendio de estos relatos es un viaje iniciático que comienza en mi adolescencia y viene a concluir acercándome peligrosamente a la cincuentena. En ese recorrido dejo constancia de mis primeras lecturas de libros de aventuras y cómics de superhéroes, de los inicios con las drogas, del descubrimiento crucial de escritores como Bukowski, también hablo de mi fallida carrera en el mundo de la interpretación, finalmente, del acercamiento a la literatura.
La segunda parte la he titulado Híbridos, consta de cinco relatos donde se mezclan realidad y ficción. Cierra el libro una última sección en la que incluyo cuatro narraciones única y exclusivamente de ficción.
Todas las historias que conforman el texto tienen un nexo de unión, ese vínculo a primera vista puede parecer que es el humo de los cigarros y el olor dulzón del hachís, de ahí el título, no obstante, ni el tabaco ni el costo son los protagonistas de las historias, tan sólo forman parte del atrezo. La soledad del individuo es motor que pone en funcionamiento la trama y a sus personajes. Este es un libro de soledades.
Espero que disfrutéis con su lectura.

Un abrazo
pepe pereza

Que siempre con la voz personal del escritor, estos relatos en unos casos recuerdan al Kerouac más viajero, en otros al escritor maldito por excelencia de la literatura norteamericana: Bukowski, y en alguno a la dureza y violencia extrema y sin sentido de ciertos párrafos de Hubert Selby Jr…

Una calidad que ya quisieran para sí muchos escritores en su debut en letra impresa.

David González (Fragmento del prólogo)


Prólogo: David González
Fotografía cubierta: Capear
Figura Origami: Óscar Cardeñosa
Correctoras: Adriana Bañares Camacho & MJ Romero
Editorial: Origami

quiero darle desde mi sitio, desde mi blog, mi más sincera enhorabuena a un currante del relato y la prosa como lo es Pepe Pereza. Felicidades jodío.
entrada extraída del blog de PEPE PEREZA

miércoles, 15 de febrero de 2012

Relatos de humo (y hachís) by Pepe Pereza



Muy prontito mi amigo y colega Pepe Pereza verá publicado en papel este libro de relatos que tanto deseamos (al menos yo) de tener entre las manos.

Felicidades amigo.

Por cierto, será publicado en Editorial Origami.

lunes, 23 de enero de 2012

Groenlandia y Origami/ Francis Novoa y Pepe Pereza


GROENLANDIA PRESENTA SU NUEVO LIBRO DE NARRATIVA:

Contrafábulas,
de Francis Novoa Terry,
con ilustraciones de Felipe Solano

“Las Contrafábulas de Francis, decía, se desprenden de su carácter metafórico y se transforman en cuentos realistas, naturalistas, son otra vez el espejo de Stendhal al pie del camino. Si el mundo está lleno de cerdos, de tiburones despiadados que nos muerden la cartera y el corazón cada día, de buitres que los avalan y hacen del despojamiento ley, de ovejas asustadas que cagan votos sobre los que esos carroñeros se suben, de perros policías, perros guardianes, perros con porra para proteger el cortijo a cambio de un currusco de pan, si el mundo se ha convertido en una finca particular, un establo, una jaula, qué mejor que escribir sobre los seres humanos cómo lo que realmente somos: animales”.

(Del prólogo de Patxi Irurzun)


Francis Novoa Terry (Perú, 1973) ha ganado varios concursos de cómics y ha publicado en diversos fanzines y revistas del medio. En el 2000 huyó de su país y se refugió en España, país en el que vive actualmente y donde escribe relatos cortos para las revistas Heavy Rock y Kerrang.


Ya disponible en el ISSUU y en el SCRIBD:











Nuevo libro de Pepe Pereza en breve, y por fin en papel.

jueves, 12 de enero de 2012

MIENTRAS DORMÍAS by PEPE PEREZA


MIENTRAS DORMÍAS
Te quedaste dormida en el sofá. La luz que entraba por la ventana venía a descansar sobre tu pelo otorgándole una profunda luminiscencia. No pude evitar dibujar con la mirada el periplo de tu perfil, y mecido al ritmo pausado de tu respiración me dejé llevar por el embrujo de tu belleza. Seguí anonadado hasta que una inoportuna mosca aterrizó en la punta de tu nariz, y tú, con una tosca mueca y un manotazo al aire, pusiste fin al hechizo.

® pepe pereza ( del libro “Amores breves”)
 
 
extraído del blog de Pepe Pereza.

martes, 29 de noviembre de 2011

EL ACOSADOR by Pepe Pereza


Habías salido con tus amigas. Cuando llegaste a casa estabas pálida y temblabas como un flan.

- ¿Qué te pasa?
- Me han seguido.
- ¿Quién?
- Un hombre. Me ha estado siguiendo durante todo el trayecto a casa. Ven...

Cogido del brazo me llevaste hasta la ventana.

- …Es ese de allí.

Vi a un tipo corriente que caminaba tranquilamente por la acera. Eran más de las doce de la noche y no había nadie más en la calle.

- ¿Te ha hecho o dicho algo?
- Me ha estado siguiendo ¿te parece poco?
- Puede que vuestros destinos coincidiesen.
- Te digo que el muy guarro me ha seguido.
- No dudo de tu palabra, solo digo que si no ha hecho ni dicho nada que te incomodase, no sé por qué crees que te ha seguido.
- Las mujeres sabemos esas cosas, por instinto o por lo que sea, pero lo sabemos.
- Bueno, lo importante es que ya estás en casa y todo está bien.
- ¿Cómo que está bien? ¿Acaso piensas dejar que ese cabrón se vaya de rositas?
- ¿Qué quieres decir?
- ¿No vas a bajar a decirle algo?
- ¿Qué quieres que le diga?
- No sé, eso es cosa tuya,
- ¿En serio quieres que baje?
- Si no fueras un calzonazos ya estarías abajo cantándole las cuarenta a ese desgraciado.
- Pero tía, yo…
- Mira, ese tipo conoce donde vivo, no quiero encontrármelo otra vez, así que baja y dile que no vuelva seguirme. Y déjale claro que hablas en serio.

¿Calzonazos yo? Sentí que me ponías a prueba, querías saber si estaba dispuesto a defenderte. Mi virilidad estaba en entredicho. Bajé a la calle. Tú esperabas asomada a la ventana, no querías perderte ningún detalle. Viendo que yo no estaba muy convencido me presionaste para que le diese caza.

- Corre o no le vas a pillar.

Vi al tipo al fondo de la calle.

- Corre.

Corrí hacía él. Según me acercaba pensé en qué le iba a decir. No era cuestión de acusarle de acosador de buenas a primeras. Convenía ser diplomático e intentar solucionarlo todo de las mejores maneras. Por otro lado, se suponía que yo estaba allí para salvaguardar tu honor, o lo que fuera que fuese a defender. Tenía que mostrarme como un auténtico macho ibérico, seguro y agresivo. Claro que yo no me sentía seguro y mucho menos agresivo. A mí, la situación me parecía ridícula, y si estaba allí era porque tú, indirectamente, me obligabas a ello. Cuando faltaban pocos metros para alcanzarlo pude apreciar que el tipo en cuestión era más alto y corpulento que yo. No, si al final me van a partir la cara, pensé. Deseé dar la vuelta y regresar a casa, pero sabía que si me veías retroceder me tomarías por un cobarde. No me quedaba más remedio que abordar el tema con valentía y arrojo. No me lo pensé más.

- Eh, tú.

El tipo se volvió para responder a mi llamada. Ya no había marcha atrás. Cogí aire y me armé de valor.

- Oye ¿tú has estado siguiendo a…
- Hey, yo te conozco.
- …
- Tú eres Pepe Pereza.
- Sí.
- A qué estudiaste en el colegio Batalla de Clavijo.
- Sí.
- ¿Y no te acuerdas de mí?
- La verdad… tu cara me suena.
- Soy Cleto.
- Hostia Cleto, claro que me acuerdo… ¿Qué es viento? Las orejas de Cleto en movimiento.

Por aquel entonces, Cleto tenía unas orejas impresionantemente grandes y todos los chavales le tomábamos el pelo a cuenta de ello.

- Como puedes ver ya no tengo orejas de soplillo.
- Por eso me ha costado reconocerte.
- Joder, Pepe, cuánto tiempo. Dame un abrazo.

De pronto me acordé de que seguías en la ventana. Sabía que debido a la distancia no podías escucharnos, pero sí leer nuestras posturas corporales.

- Lo siento Cleto, no puedo, de hecho debo mostrarme agresivo contigo.
- ¿Por qué?
- Verás, mi novia piensa que la has estado siguiendo…
- ¿Qué?
- Es aquella que está asomada a la ventana.
- Yo no he seguido a nadie.
- Te creo. Lo malo es que ella está convencida de que sí, y te aseguro que no hay quien la haga cambiar de idea. Tiene la cabeza más dura que una piedra.
- Te juro que no la he seguido, voy camino de mi casa.
- Es lo que le he dicho, pero no ha querido escucharme. Me ha obligado a bajar a la calle para ajustarte las cuentas.
- Esto es ridículo.
- Lo mismo pienso yo. Verás, se me ocurre que podíamos fingir una pelea.
- ¿Estás de coña?
- Solo fingirlo, para hacerme quedar bien.
- ¿Me tomas el pelo?
- Venga Cleto, no te cuesta nada. Una pequeña pelea como en las películas. Encajas un par de golpes de mentira y sales corriendo. Hazme este favor.
- Que no, tío.
- Evítame un marrón con mi chica.
- Joder Pepe, ya somos mayorcitos para estas bobadas.
- Tío, hazme este favor.
- Eres la hostia.
- Por favor.
- Joder.
- Venga tío.
- Está bien, lo haré por los viejos tiempos.
- Gracias Cleto. Me libras de una buena.
- ¿Cómo lo hacemos?
- Qué tal un puñetazo en el estómago, otro en el mentón, te caes al suelo, y cuando avance hacia ti para seguir zurrándote, te levantas y huyes.
- Lo de tirarme al suelo no me convence.
- Vale, bastará con los dos puñetazos.
- Por mí bien, siempre y cuando tengas cuidado de no darme.
- Descuida, lo tendré.
- Eso espero.
- Bien, vamos a ello. ¿Estás preparado?
- Creo que sí.
- A la de tres ¿Vale?
- Vale.
- Una, dos y tres…

Después de aquello me recibiste como a un vencedor, con besos y abrazos. Era el premio por ser el macho más fuerte, el que, aparentemente, había meado más alto. Todo era un fraude, no obstante, la falsa demostración de testosterona te puso a cien. Esa noche me amaste como si fuera el mismísimo James Bond después de haber salvado al mundo de la hecatombe.

® pepe pereza (del libro “Amores breves”)


extraído del magnífico blog del amigo Pepe Pereza

jueves, 20 de octubre de 2011

Un buen relato de Pepe Pereza: LLAMADA MORTAL


- …¿Aquí?
- No, más abajo.
- …
- Más abajo aun.
- …
- Más al centro… un pelín más abajo… Ahí, justo ahí.
- ¿Aquí?
- Síííí.
- …
- Dios, que gusto.
- …
- Más fuerte, por favor… más fuerte.
- ...
- Más fuerte.
- Si te rasco más fuerte te voy a dejar la piel marcada.
- Me da igual, tú rasca más fuerte.
- Como quieras, pero ya tienes la espalda roja.
- Sigue, por favor… Así, que gustazo… Llevaba todo el camino de vuelta a casa con el picor, y la putada es que no llegaba a rascarme yo sola… Ah, que placer, sigue un poco más.
- ¿Sabes?... Hoy he estado a punto de matarme.
- ¿Qué dices?
- De no ser por Ángel, ahora él y yo estaríamos muertos.

Ángel y yo volvíamos de un pueblo que está a unos cincuenta kilómetros de aquí. Conducía yo. Íbamos por la autovía y estábamos a punto de entrar en la circunvalación. Justo adelantábamos a un tráiler cuando sonó mi móvil, desvié la mirada hacia el bolsillo de la camisa, que es donde guardaba el aparato, y no me fijé que el coche se desviaba hacia el camión. Menos mal que Ángel tuvo los reflejos necesarios para coger el volante a tiempo y devolvernos a nuestro carril. Nos quedamos a escasos centímetros de colisionar. Joder, verle de cerca la cara a la muerte es una experiencia terrible.

- Pero cariño, eso que me cuentas es terrible.

Fuera de peligro, Ángel me recriminó el despiste con una mirada asesina, no obstante pasados unos minutos parecía que se hubiera olvidado del incidente. Yo, por mi parte, seguía estremecido y acongojado, no conseguía quitarme el susto del cuerpo, aunque habían transcurrido varias horas ya del suceso.

- Estás pálido ¿te encuentras bien?
- Sí, después de todo, tengo que dar gracias por estar aquí.

Es curioso cómo sucede todo. Quiero decir, que los mecanismos del destino son complicados y para que algo como lo ocurrido pueda suceder se tienen que dar toda una serie de circunstancias. De primeras hay un núcleo donde convergen todos los factores del conflicto, en este caso fue cuando coche y camión coinciden en un mismo tramo de la carretera. Tanto el conductor del camión como yo tuvimos que sincronizar toda una serie de horarios y acontecimientos para coincidir en ese punto preciso del trayecto, a eso hay que sumarle que justo en el momento que estaba adelantando al camión a alguien se le ocurriera llamarme al móvil. Y para terminar, hay que añadir a todo el cúmulo de sucesos, que Ángel viajaba conmigo por pura casualidad, ya que su idea era quedarse en el pueblo, pero recibió una llamada de su hermana diciéndole que tenía que bajar a la ciudad. Por eso me acompañaba. De no haber venido él, yo me habría estrellado contra el camión y seguramente ahora no estaría divagando sobre el tema, ni rascándote la espalda.

- Al llegar me he dado cuenta que te pasaba algo, pero me picaba tanto la espalda que lo único que quería era que me quitases el picor.

La proximidad con la muerte me había dejado una sólida y permanente sensación de pesadumbre. Solo otra vez había estado tan cerca de ella, de la muerte, pero fue distinto porque mi vida no corrió ningún riesgo. Ocurrió en la habitación de un hospital, durante la convalecencia de mi padre después de su operación de próstata. Recuerdo que compartíamos estancia con una anciana. La pobre señora estaba en las últimas y respiraba de forma, digamos llamativa, mezcla entre estertor y ronquido flemático. Algo bastante desagradable de oír, claro que con el tiempo llegué a acostumbrarme. Resulta que yo llevaba varias noches quedándome en el hospital acompañando a mi padre. Una noche que intentaba inútilmente acomodarme sobre un duro sillón, noté algo raro. Al principio no supe qué era, echaba en falta algo pero no daba con el qué. Más tarde caí en la cuenta: la respiración de la anciana. La pobre había muerto. Después que un médico certificase la defunción y que las enfermeras sacasen el cadáver, pasé el resto de las horas en vela, pensando que la muerte había estado en la misma habitación que yo.
La diferencia entre ambos sucesos radicaba en que esta vez la muerte había venido directamente a por mí. Motivo de sobra para echarse a temblar.

- Cariño, estás temblando.
- Tranquila, no es nada. Es que aun estoy un poco asustado.
- Pobrecito mío.

Me abrazaste, pero ni siquiera el consuelo de tu cariño sirvió para sacudirme el miedo.

- ¿Te importaría seguir rascándome la espalda? Aun me pica.
- Claro.

Rascarte la espalda era mejor que yacer sobre la mesa de autopsias, mucho mejor que estar dentro de un ataúd en un tanatorio cualquiera. Ese pensamiento me hizo sentir mejor.

- Un poco más abajo.
- ¿Por aquí?
- Más abajo.
- …
- Rasca ahí… ¿Y quién te llamaba?
- Pues, no lo sé. No me dio tiempo a contestar. Con el susto y demás, me olvidé de mirar quién era.

Dejé un momento tu espalda, cogí el móvil y busqué en las llamadas perdidas.

- Adivina de quién es la llamada.

Tuya.

® pepe pereza (del libro “Amores breves”)


extraído de su blog que podeis ver pinchando aquí

domingo, 7 de agosto de 2011

Cabecera de Pepe Pereza (y yo orgulloso)


REFLEXIÓN 6

Es cierto que no hay
tanta distancia.

Un par de diástoles acompasadas
prendidas en láminas de cemento.

El deseo es mecido en un bolsillo
para sopesar
si más tarde no hay un después.

A veces un péndulo
suple el diálogo de la araña.

Al otro lado del espejo
es tan difícil encontrarse
que lo preferible
no encuentra el tacto.

Psique cierra la puerta.

Resulta tan innecesaria.


poema inédito de Ángel Muñoz y foto (cabecera) realizada por Pepe Pereza y extraída de su propio blog que podeis ver aquí.

miércoles, 22 de junio de 2011

La veterana de Pepe Pereza



Ahí estaba ella, con más de sesenta años y haciendo la calle junto a jovencitas que no habían cumplido ni los veinte. ¡Puta vida la suya! Cómo competir con esas chiquillas que estaban en lo mejor de sus vidas. Cómo podía rivalizar ella con sus jóvenes y deseables cuerpos. A ella los pechos le colgaban como globos deshinchados, su trasero era tonel y su cara parecía una ciruela podrida. El paso del tiempo se había encargado de rebozarla en años, kilos y arrugas. ¿Qué otra cosa podía hacer? Otra cosa no sabía, sino de qué iba a estar allí. Hacía décadas que tendría que haber abandonado la profesión, pero claro, eso era más fácil decirlo que hacerlo. Cuando no se tiene otro medio de vida es complicado dejar aquello que te da de comer.
Del fondo del polígono llegó el ruido del motor de un vehículo. Las putas acudieron al borde de la carretera y dejaron al descubierto sus tetas. Ella no, ¿Para qué iba a enseñarlas? ella cuanto más tapada mejor. Su fisonomía hacía mucho que dejó de ser apetecible. Cuando tenía la suerte de conseguir un cliente, éste, únicamente reclamaba sus servicios para que le chupase la polla. Así que sacó el pintalabios y añadió una nueva capa a sus labios. Efectivamente, un coche llegó donde estaban las mujeres. Desde su puesto pudo ver que los ocupantes eran cuatro jóvenes con claros síntomas de embriaguez. Mal asunto. Su dilatada experiencia le había enseñado que jóvenes y alcohol no mezclaban bien. No se preocupó demasiado pues intuyó que no la elegirían, aun así permaneció junto a la carretera. El vehículo desfiló lentamente por delante de las chicas, pasó junto a ella sin detenerse, pero a los pocos metros el coche dio marcha atrás y se detuvo a su lado.

- ¿Cuánto por chuparnos la polla a los cuatro? – quiso saber el conductor.

¿Por qué la habían elegido a ella cuando era evidente podría ser la abuela de cualquiera de ellos? Había chicas preciosas. Entonces ¿por qué se habían decidido por un vejestorio como ella? ¡Cuidado, no te fíes! Algo en su interior la avisó del peligro y se puso a la defensiva, por si acaso.

- ¿Cuánto nos cobras?

Ella dijo una cifra. De inmediato los jóvenes la regatearon intentando bajar el precio a una ridiculez. Ella estaba necesitada de clientes, de hecho los necesitaba urgentemente, pero para trabajar por una miseria era mejor no trabajar. Así se lo dijo a los chicos. De pronto, uno de los chavales que iba en el asiento trasero apuntó con un envase de plástico, lo presionó y un chorro salió disparado hacia el rostro de la puta. Lo vio llegar a cámara lenta, luego notó el dolor. De seguido y entre risas, el conductor pisó el acelerador y el coche salió a toda potencia quemando rueda. Era aguafuerte. Ella, con las manos en la cara, gritó pidiendo ayuda. A su auxilio acudieron algunas compañeras. Le lavaron la cara con botellas de agua mineral y trataron de aliviarla como buenamente pudieron de los escozores y quemaduras.
La ambulancia tardó casi una hora en llegar.
Después de pasar unos días ingresada, los médicos le dieron el alta. Salió del hospital ciega de un ojo y con manchas rosáceas en el rostro. Un recuerdo de por vida del incidente. ¡Puta suerte la suya!
Una semana después ya estaba ocupando su puesto en el polígono. Las demás compañeras la recibieron como a una heroína. Todas admiraron su coraje y fortaleza. Sin duda se había ganado el respeto de todas ellas, y no por ser una veterana, que también. Se lo había ganado porque ni el paso del tiempo, ni el deterioro de su cuerpo, ni tan siquiera las violaciones y humillaciones que había sufrido a lo largo de su carrera habían logrado que abandonara su profesión. Como tampoco había abandonado después de que aquellos jóvenes irresponsables la hubieran dejado medio ciega y desfigurada. Ella seguiría allí mientras la salud se lo permitiese, y no por orgullo, tampoco por honor, no. Lo único que la mantenía anclada a aquel lugar eran la necesidad y la falta de recursos. Solo eso.

® pepe pereza

lunes, 9 de mayo de 2011

Novedades Groenlandia: Número 11, Suplemento y "Momentos extraños" de Pepe Pereza


Ya nació Groenlandia once.

Con colaboraciones de:
Patxi Irurzun, Enrique Fuentes-Guerra, Ana Vega, Carmela Contreras, Pepe Pereza, Ángel Muñoz Rodríguez, Manuel Guerrero Cabrera, Andrés Ramón Pérez Blanco, Carlos Pérez Vaquero, Luis Sevilla, Óscar Varona, Adolfo Marchena, Begoña Leonardo, Esperanza García Guerrero, Ana Patricia Moya, Juan de Lapala, Wanessa Zapiain, Rubén Darío López, Alfonso Vila, Sergio Sarmiento, Patricia Maestro, Héctor Zabala, Daniel de Cullá, Helena Ortiz, Rodrigo Padrón, Jorge Barco, José Luís Zuñiga, Juan Kalvellido, Lucia Fraga, Pedro Sánchez, Tito Manfred, Óscar Cardeñosa, Felipe Solano, Tomás Illescas, Alejandro Serna y Amarande Guzmán.

Ya disponibles en el SCRIBD y en el ISSUU:











Groenlandia presenta el nuevo libro de narrativa:

“Momentos Extraños”

De Pepe Pereza
Prólogo de M. J Romero
Epílogo de Adriana Bañares
Arte de Óscar Cardeñosa

“Lo esencial de los 50 cuentos recopilados en “Momentos Extraños” reside en captar la anécdota no visible a simple vista, anécdota puesta de relieve para destacar sobre lo demás y para resaltar la excepcionalidad de una situación o de sus protagonistas, situados estos lejos del lugar común que los héroes y los antihéroes ocupan en el ámbito literario. A pesar de que en algunos relatos es un elemento sobrenatural, mágico, o extraño lo que los hace extraordinarios, todo lo que nos cuenta parece tener explicación, ser algo real y verídico”

(del prólogo de M. J Romero)


Ya disponibles en el SCRIBD y en el ISSUU: