
XXXVISin que sepa la soledad que te has ido.Ella acostumbra a besarte al estirar la sábanasobre tu cuerpo muerto, a veces le sonríesy daño piensas que jamás desmaya.Ella también se diluye cuando dan las horas.Acontecía en la noche menos oportuna,el deseo que llega con sus piernas cansadasy la magnífica sed, flaquear contigocomo el chiquillo que finge haberse lisiado.Ella tiritaba solamente.Para que los días crezcan sin ti, paraque nos hablen de batallas perdidas, de niñosperversos que nos hacen gritar.Bajo el cadáver vivo se agolpan sospechas.
Extraído de su poemario FANTASÍA DEL CUERPO POSTRADO