viernes, 7 de mayo de 2010

UN POEMA Y ALGO DE CINE


la noria

no andaba para muchas historias
pero quiso
ser tajante con las consecuencias
pues las causas
estaban perdidas


abandonar la calle


la poca metadona
que tomaba


cobrar la pasta
que a final de mes
le caía
por parte
de su difunto marido


y sobre todo
dejar de reconocer
que era alcohólica


ALCOHÓLICA


no lo negaba
otra cosa era
saber superarlo
sin Antonio
a su lado


me cuesta creer
que desde su celda
en Navalcarnero
pudiese hacer algo


veinticuatro meses
por maltrato


pero sin Antonio
no había motor
para la noria


Poema y foto inéditos de Voltios.

Hoy también podeis leer algo mío aquí
Gracias Vic.

Y también aquí
Gracias Señor Pereza.

Y también gracias a Paz (Calipso) que ayer se ofreció para un book fotográfico, que creo quedará tremendo, en el Jardín Botánico.

SOBRE RUSSEL CROWE AHORA QUE SE ACERCA ROBIN HOOD






Romper Stomper provocó un apasionado debate en Australia sobre si el país era racista o no. El paso del tiempo nos permite ahora juzgar las cualidades de la impresionante primera película de Geoffrey Wright con mayor claridad.

Centrada en la subcultura skin head del barrio de Footscray de Melbourne, Romper Stomper detalla con intensidad la desintegración de la banda liderada por Hando (Russell Crowe en uno de sus primeros papeles), que pasa de dar palizas a los australianos vietnamitas a ser perseguida como un animal asustado tanto por la ley como por los resentidos ciudadanos.

Película del año 1992, bastante recomendable, y espejo en el que se miró la gran AMERICAN HISTORY X.

Voltios dixit.

LE PETIT NICOLAS









Una buena recomendación para ir al cine. LE PETIT NICOLAS. Película francesa basada en la obra de RENÉ GOSCINNY, el gran creador (junto a Uderzo) de los personajes de Asterix y Obelix, e incluso Lucky Luke.

Un film, divertido, entretenido, para cualquier edad y con el que seguro se podrá disfrutar mucho.


Voltios dixit.

jueves, 6 de mayo de 2010

UN POEMA

con un cierto rigor

el tendido eléctrico
llegado un punto
donde casi
no me alcanza la vista
decide
dejar la dirección
recta
que le ha llevado
a atravesar
toda la extensa llanura
escondida a mis espaldas
para bifurcarse
en dos vertientes

dudar
si la izquierda
o la derecha

los cables
con más
o menos
pájaros posados

el trazado
ligero
o sinuoso

así de complicada
y de indecisa
es la mano
que allí
lo ha colocado

tiraré
con la vista
por medio
seguro
que tarde
o temprano

tropiezo con él
en multitud
de ocasiones



Inédito de Voltios.

EL DEBUT DEL CHICO TATUADO


EL DEBUT DEL CHICO TATUADO

Entré en la oficina del maestro de perfiles a recoger el sobre que contenía el resultado del reconocimiento médico-laboral que me habían efectuado en los servicios médicos de la empresa quince días antes.

SE ACONSEJA ACUDIR A SU MÉDICO DE CABECERA CON ESTOS ANÁLISIS.

Acudí.
En la sala de espera, dos mujeres daban la lengua:
- ¿Cuánto has adelgazado? -preguntó una.
- Veintiséis kilos -respondió la otra.
- Estás más guapa así.
Oí mi nombre y mis apellidos. Entré en la consulta, me senté, dije:
- He adelgazado nueve kilos en menos de un año.
- Me vas a hacer análisis de sangre y orina.

- ¿Y tú a qué lo achacas? -me preguntó, unos días después, el médico, el mismo.
- A los nervios -le dije.
- ¿Así que tú crees que la causa son los nervios?
- Sí- le dije -. Eso creo. Sí.
- Veamos -dijo.
Pulsó uno de los botones de su interfono:
- ¿Están por ahí los resultados de la analítica practicada a David González?
Estaban. Se los trajeron. Les echó un vistazo por encima.
- Diabetes -me dijo-. Esa, y no otra, es la causa del adelgazamiento.
- ¿Y eso tiene cura? -le pregunté.
- La diabetes es una enfermedad crónica -me contestó.
- ¿Y tendrá que pincharse insulina? -le preguntó la mujer que antepone mis necesidades a las suyas.
- Si no hubiera indicios de acetona, quizá no.
- ¿Pero cuál es la relación de la acetona con la diabetes? -le preguntó ella.
- Cuando aparece acetona significa que la insulina que produce el páncreas no trabaja bien -le dijo el médico-. No depura el azúcar ―explicó―. Entonces, el organismo sustituye esa insulina por otra sustancia, la grasa por ejemplo. De ahí que David haya adelgazado tanto- terminó.
Luego me preguntó:
- ¿Hay antecedentes de diabetes en tu familia?
- Que yo sepa no -le respondí-. Aunque mi madre se puso insulina durante mi embarazo.
- Te voy a preparar un volante para que vayas mañana al hospital -me dijo-. Vas por urgencias.
El bolígrafo con el que garabateaba, de madera, tenía su nombre grabado, en letras doradas, en la pestaña de acero inoxidable.
- ¿Fumas? -me preguntó.
- Sí.
- ¿Cuánto?
- Dos cajetillas al día.
- ¿Fumas porros?
- Alguno, sí. Pero pocos.
- ¿Alguna otra droga?
La realidad era mi droga, recuerdo que decía Cyril Collard.
- ¿El alcohol cuenta?
- Sí.
- Pues entonces alcohol también.
- ¿Y aparte del alcohol?
- A veces esnifo farlopa?
- ¿Cocaína?
- Sí.
- ¿Qué cantidad?
- No sé…Tres o cuatro rayas los fines de semana.
¿Pero a quién pretendías engañar, tío? ¿Al médico o a ti mismo? Sabías de sobra que era raro el finde que bajabas de los dos o tres gramos.
El médico me miró, como si pensara: y qué más.
- Y pastis.
- ¿Éxtasis?
- Sí. En alguna fiesta.
- ¿Tus padres viven?
- Sí - aún no les había matado a disgustos.
- ¿Tienes alguna enfermedad?
- Diabetes - le vacilé.
Levantó los ojos de la mesa, me miró.
- Aparte - me dijo.
- No.
Me firmó el parte de la baja laboral.
- Y no te preocupes -me dijo-. Podrás seguir haciendo una vida normal (ya) y podrás seguir trabajando (sí, también).
Salimos de la consulta, del ambulatorio, y subimos al coche (porque de aquella aún tenía coche). No alcanzaba a comprender todavía, a imaginar siquiera, si finalmente se confirmaba, la importancia de lo que el médico de cabecera acababa de decirme. La gravedad de la dolencia que me había diagnosticado. Ni cómo afectaría a mi vida y a la de todos aquellos con quienes la compartía, en especial a la de la mujer que se desvive por mí.
- ¿Avisaré a mi madre? - le pregunté.
- Espera a mañana -me dijo-. Espera a ver qué pasa mañana, qué te dicen. No la dejes preocupada.
Cuando le di a la llave de contacto, las lágrimas arrancaron a la primera.
- Tranquilo -me dijo ella acariciándome la espalda con ternura-. Tranquilo –repitió-. Deja de llorar. No llores más. Ahora ya sabemos por qué eres tan dulce.

A las nueve en punto de la mañana entregué el volante en la ventanilla de admisión de urgencias del hospital.
Un celador me acompañó hasta una habitación minimalista: una cama diminuta, un armario metálico y una mesa.
- Quítate toda la ropa, menos los calzoncillos, y métela en esa bolsa.
Una bolsa de plástico, como las de la basura, del mismo color.
- Y ponte este camisón.
No sabía cómo se ponía, así que terminé por ponérmelo del revés. Me dejaba al descubierto los tatuajes del pecho: una paloma con una hoja de laurel en el pico y un revólver del calibre cuarenta y cinco.
Entró una enfermera, reparó en los tatuajes.
- ¿Tiene ganas de orinar el chico tatuado? - me preguntó.
- No muchas, la verdad.
- Entonces me veré obligada a ponerte la sonda - dijo.
- De repente me han entrado unas ganas tremendas - dije.
Entró una mujer, médico, endocrino, joven, guapa, saludable. La paloma, en su vuelo, le pasó raspando la cara. El revólver la encañonó.
- ¿Dónde te hiciste eso? - me preguntó.
Es mejor, siempre que sea posible, decir la verdad.
- En la cárcel -le dije.
- ¿Y por qué fuiste allí? -quiso saber.
- Por malo.
- ¿Y estuviste mucho tiempo?
- Tres años.
Entró otra vez la enfermera.
- Vamos a hacerle un electro al chico tatuado - dijo.
Entonces, de repente, reparé en las uñas de mis pies. Con las prisas, los nervios, el madrugón, me había olvidado de cortarlas. Me daba vergüenza, mucha vergüenza, que la enfermera pudiera llegar a pensar que yo era un marrano. La sábana no alcanzaba a taparme los pies. Estaban largas, mis uñas, tan largas que hubiera podido enroscarlas sin ningún problema a los barrotes que había a los pies de la cama. Sin embargo, la enfermera no pareció darse cuenta, o ya estaba acostumbrada, y mi cuerpo se transformó, en apenas unos instantes, en un amasijo de cables, pinzas y parches.
La habitación no tenía puerta. Cortinas. Estaban descorridas. Observé lo que sucedía en el interior del cuarto número seis. Exploraban a una paciente, una chica joven, pelirroja, con aspecto de yonqui. Llevaba puestas unas bragas y un sujetador, a juego con el color de su piel, el blanco. El adjetivo delgado se quedaría corto si me viese en la tesitura de tener que hacer una descripción de su cuerpo. Pero si tuviese que describirlo, diría que estaba consumido. Igual que su rostro. Los pómulos sobresalían tanto que parecían nudillos. Los ojos, en un intento desesperado por escapar de la invasión a que estaba siendo sometida su intimidad, se detuvieron, por unos segundos, en los míos, reconociéndolos, aceptándolos. Su mirada lo decía todo: En manos de extraños, tío, así acabamos. En manos de extraños.
Entró un médico. Se fijó en las tres cicatrices del antebrazo, del siniestro. Puso cara de asco. Pero era humano, el endocrino, sentía curiosidad.
- ¿Y eso? -me preguntó-. ¿Te cortaste?
- Me lo hice en la cárcel con la hoja de una maquinilla de afeitar - le contesté.
- Así que te diste a la mala vida, ¿eh?
- Algo parecido, sí.
- Pues ahora ya se te acabó - dijo, con satisfacción.
Me acordé de Hubert Selby Jr, el escritor estadounidense, de algo que dijo, o escribió: La luna de miel se ha terminado.
- Tienes diabetes de debut, diabetes insulinodependiente -me dijo el medico-. ¿Has venido con alguien? Vamos a dejarte aquí.
En manos de extraños, pensé, y volví la vista hacia el cuarto número seis, pero en el cuarto número seis no había nadie. La chica con aspecto de yonqui, la pelirroja, ya no estaba. Se la habían llevado.



Cortado y pegado del blog “Azotes caligráficos”
http://azotescaligraficos.blogspot.com/



Realmente lo he sacado del blog de Pepe Pereza
uno de mis grandes amigos.


Me leí el libro de David en cuanto me lo regaló, más bien lo devoré y me gustó muchísimo. Tenía guardada una reseña para más adelante, pero a tomar por culo, os cuelgo este pedazo de relato que habla por sí solo. Un abrazo a Pepe y a David.

NO LO OLVIDES

miércoles, 5 de mayo de 2010

CRAIG DAVID AND STING






Buen tema.

Voltios dixit.

UN NUEVO RELATO CORTO









llenar la nevera



Totalmente acojonado. Así se encontraba Ahmed en ese momento y durante los últimos veinte minutos.
Allanar el camino y dar con la presa adecuada no le fue fácil, pero menos aún seguirla hasta dar con el lugar y el momento exacto en el que iba a disputarse una prórroga, lo suficientemente arriesgada, como para salir ileso.

Caminaba despacio, titubeando a la hora de colocar los pies y la garrota sobre los adoquines de la acera. Ahmed no quitaba ojo al bolso negro que le colgaba del hombro a la anciana. Le zumbaban los oídos, se le nublaba la vista. Sabía reconocer, de sobra, los signos de la ansiedad. Los dedos de las manos bailaban dentro de los bolsillos de su pantalón gastado presa de los nervios.

Sonó el pitido, el del árbitro que marca el inicio de la prórroga. Aprovechó el instante, el momento en el que la mujer sacó un pañuelo de tela para sonarse los mocos.
La patata le iba a reventar, quería salir por la boca y las arcadas que pretendían apropiarse de él, le cosquilleaban en la garganta.

Calculó mal. Al notar el tirón, la anciana, con una fuerza inusual en una persona de su edad, acercó el bolso más hacia sí, apoyando la espalda contra la pared.
Le temblaban las piernas. ¿Qué coño iba a hacer ahora? Los brazos de carne gelatinosa se aferraban con fuerza al objeto del deseo. De pronto empezó a aullar, a pedir auxilio. No tuvo remedio. Cerró el puño con toda su fuerza y la golpeó violentamente en la boca. Fue un acto reflejo, más que nada para que dejase de gritar. La anciana perdió la conciencia tras recibir el trancazo. Ahmed, con la adrenalina supurando, trincó el bolso de cualquier modo y emprendió la huida, dejando atrás, de cualquiera manera, sin atención, como una marioneta a la que le han cortado los hilos de un tijeretazo, aquel cuerpo decrépito.

Trataba de recuperar fuelle, doblado sobre sí, con las manos en las rodillas, en la oscuridad del portal. Todavía notaba las palpitaciones en las sienes, con menos fuerza, pero ahí seguían.
Se sentó en el primer escalón e inició el recuento del botín: un paquete de kleenex, el estuche manoseado de unas gafas, estampitas de santos y vírgenes, un bolígrafo, una barra de labios casi consumida y un monedero con fotos de carné y doscientos treinta euros. Joder. ¡Doscientos treinta euros! Esbozó una sonrisa. ¿Dónde cojones iría la anciana con tanta pasta? Daba igual. La cuestión es que estaba en su poder.

Vivía en la última planta de un viejo bloque de cuatro alturas. Sin ascensor. Trepó, asiéndose a la barandilla hasta su casa.
Lo primero que hizo al entrar fue buscar a su hermana pequeña, con cuatro años, jugaba en el suelo de un cuarto con muñecas decapitadas y piezas de algún rompecabezas. Acarició su cabeza sin borrar la sonrisa triunfal de su rostro.
Le llamaron desde el otro extremo del pasillo. Su madre. Acudió con paso firme y decidido haciendo una entrada gloriosa con la presa bajo el brazo.

-¿De dónde vienes Ahmed?- agitada por los escalofríos, los labios amoratados y la alta fiebre.

- Un trabajo, madre- mintió.

En ese instante se percató, tarde, de que no se había deshecho del puto bolso para quedarse solo con el dinero. Demasiado tarde.

- ¿Y ese bolso?- tratando de salir bajo el peso de tres mantas para amonestar a su hijo.

- Lo encontré- volvió a mentir.

No era tonta, sabía la procedencia. Y él, Ahmed, sabía que resultaba imposible tomarla el pelo.

- Son doscientos treinta euros, madre- trató de explicar-. Dinero de sobra para comprar medicación y llenar la nevera.

En vista de que no podía incorporarse, débil como estaba, se sentó en el parcheado sofá. Los ojos se le inyectaron de furia, de mal genio.

- ¿Así os educó tu padre?- chilló-. ¿Así os he educado yo?- volvió a interrogar.

-Pero...- balbuceó Ahmed.

- Nada de peros- le cortó tajantemente-. ¡Oh, Karim, Karim, esposo mío!, ¿porqué él no ha de seguir tu ejemplo?- mirando al cielo.

Trató de esconder las manos y el bolso en la espalda. Apartarlos de la mirada de ella y así disminuir su enojo.

- Tu padre era un santo, y jamás, me oyes, jamás robó para llenarnos la nevera- hizo una pausa-, o para conseguir mi medicina, hijo mío.

- No madre, no robó. Y te llenaré la nevera, y te compraré tus pastillas cuando cumpla los dieciseis años- se paró, pensando en lo que iba a decir-. Pero nunca me pondré, en la cintura, bombas, con excusas que no entiendo, para dejar huérfanos a mis hijos.




Relato y foto inéditos de Voltios.

lunes, 3 de mayo de 2010

GSUS BONILLA Y DAVID GONZÁLEZ EN ESQUIVIAS



Que conste que está sin retocar, la foto la he colgado tal cual, luego ganará, seguro.

Un abrazo a los dos tipos de la foto.

Una muestra de lo bien que lo pasamos y el buen rollo que hubo.

Voltios dixit.

ULTIMAS ADQUISICIONES





Dos grandes títulos de la generación Beat, en mi colección favorita de Anagrama.

El título de Kerouac, la biblia de dicha generación.

La obra de Burroughs, una obra maestra.

Ya os diré cuando las lea.

Voltios dixit.

domingo, 2 de mayo de 2010

QUE SE MUERAN LOS FEOS



Nunca será ganadora de un Goya pero te hace pasar un rato muy bueno. Me quedo con Juan Diego y Julian López en el papel de Bertín.

Voltios dixit.

POEMA EXTRAÑO Y DOS ENLACES SOBRE MI



mirlo en mal momento


pocas veces
prestamos atención
a lo que acontece
delante nuestra
al aquí y ahora

viviendo
en la mente
en proyectos
en diarreas mentales
que de fugaces
lamentablemente
se incumplen

y así
trabajamos

defecamos

fornicamos

pasean
las aceras por nosotros

conducimos

y llegado
el punto
el que te hace ver
que sólo
tienes el ahora
se cruza
salpicado por la lluvia
un mirlo
que trata
de tener
su presente

pero es tarde
cuando miras
por el retrovisor
y sólo ves
enfrascado
en inservibles peroratas
egocéntricas
un par de plumas
negras
mordidas por el caucho




Foto y poema inéditos de Voltios

Hoy también podeis leerme aquí

y aquí


Solo daros las gracias a todos.

Voltios dixit.

FELICITACIONES A GROENLANDIA




Sabeis que es merecido. Abrazos grandes.

viernes, 30 de abril de 2010

DAVID GONZÁLEZ RECITANDO EN ESQUIVIAS






El que no fue al Destroyer se perdió cosas como lo que podeis ver arriba. Yo a este tío, lo siento, pero es que le admiro. Qué coño le voy a hacer.

Gracias Baco

Y porqué, pues porque lo he pillado de su blog y me ha encantado.

Voltios dixit.