martes, 10 de abril de 2012

El suicidio intelectual de El País (la estafa global en español)




Tengo que andar más rápido con esto de los artículos (o posts, o como cojones se les quiera llamar) en mi Cuaderno Audiovisual. No puede uno largarse un par de días y dejar de publicar o desconectar del maldito ordenador varias jornadas seguidas (cualquiera que me conozca sabe que soy un hombre que vive pegado a un ordenador) porque suceden cosas extrañas y se me quedan obsoletos los temas o las tonterías que me da por escribir para desahogarme. Digo todo esto porque el otro día vía I-Phone (léase aifon de los huevos) me encontré con un artículo absolutamente demencial de esa memez diaria en que se ha convertido el que hace mucho fue el periódico más de izquierdas de Europa, el “diario global en español”, que a día de hoy se ha convertido, ya definitivamente, en la “estafa global en español” y en una caterva de ignorantes asalariados que no hacen mas que escribir gilipolleces dignas de cualquier blog de aficionados antes que en prensa relativamente seria. Pero cuando se ponen con temas culturales, intelectuales o artísticos, directamente han caído en picado en cuanto a dignidad. Como el “artículo” o patochada en particular me pareció tan subnormal, me propuse escribir sobre él (es lo que voy a hacer ahora), y a la vez dejar claro el subtexto (también lo voy a poner a continuación) de lo que no se dice en el texto pero que está meridianamente claro que está implícito en él, y este subtexto lo pondré en color rojo para que quede claro que lo añado yo. Además, en el colmo de la generosidad, iba a hacerle el trabajo sucio a los redactores de El País, e iba a calcar el tono y la estupidez con otro artículo propio, esta vez no sobre Cameron, sino sobre Francis Ford Coppola, probablemente el más grande director norteamericano en activo.
Pero, no al mes, sino al día siguiente, cuál es mi sorpresa que me encuentro, ¡precisamente!, con algo parecido a lo que yo iba a proponerles, ¡y también sobre Francis Ford Coppola!, con lo cual confirman su mezquindad y su amarillismo, me quitan la gracia a lo que iba a hacer (aunque pienso hacerlo igualmente), y me hacen sospechar que las grandes corporaciones mediáticas leen el pensamiento a la gente, porque en caso contrario es mucha casualidad, y yo no creo en las casualidades. Pero vamos con el texto ese que han escrito sobre James Cameron. Un texto dedicado, en exclusiva, a atacar a este cineasta sin argumentos de ninguna clase, abundando en su vida privada y en suposiciones que no tienen ningún valor, recolectando algunos hechos por todos conocidos, no aportando absolutamente ninguna idea, y sin el menor respeto por la aportación de Cameron al cine. Pero además lo hace a lo cobarde, a lo rastrero (joder, cuántos cobardes rastreros disfrazados de valientes he conocido en mi vida), pues por encima de toda esa mala baba, se las da de equidistante, de objetivo, de imparcial, o de elegante, ofreciendo una incoherencia insuperable, incapaz de sostener su postura y quedando en el más espantoso de los ridículos. Vamos con el asunto, y recuerden que las anotaciones en rojo son mías:
El subtexto de ‘A James Cameron ya no le basta con ser el rey del mundo’

A James Cameron ya no le basta con ser el rey del mundo (nótese ese “ya”, explicativo en modo sumo, queriendo decir que una frase de euforia después de ganar 11 Oscars, deformada hasta el hartazgo por sus detractores, define al personaje en cuestión, pero que ahora “ya” no se conforma con ser un ególatra desquiciado, sino quién sabe cuántas cosas más)

Tras escrutar el fondo del oceáno, el “hombre más temido de Hollywood” no le teme a nada (segunda suposición en dos párrafos, para batir récords, otorgando al Cameron una aureola de auto-deificación, pero sin declaraciones del interfecto que justifiquen esta frase, ni nada por el estilo)

Visionario o megalómano inconsciente: ¿hasta dónde está llegará para acallar a sus críticos? (claro fallo gramatical no corregido por los lumbreras del diario global, pues el “está” sobra, pero además tacha al interfecto de megalómano inconsciente, como si sus proyectos hubieran causado algún destrozo personal, social o ambiental, ¡bravo!)

En parte por ahorrar (claro, amigo periodista, cogió a la mejor actriz de su generación y a una estrella emergente en una producción de cientos de millones para ahorrar, ¡a batir el récord de memeces sin argumentos!), James Cameron escogió a dos bisoños (bisoño significa nuevo o inexperto, muchacho, cosa que no eran estos dos intérpretes, ¡hay que leer más! …o simplemente dejar de escribir) protagonistas para ‘Titanic’: Leonardo DiCaprio y Kate Winslet. Ambos tenían 21 años. Aquí, con DiCaprio durante el rodaje. / FOX
Si el Renacimiento tuvo a Leonardo da Vinci y la Ilustración a Benjamin Franklin, la era posmoderna solo podía dar a alguien como James Cameron (nótese la coña poco sutil, comparando a Cameron con dos genios como da Vinci o Franklin, para que salga mal parado en el lance intelectual, ¡oh, qué ingenio!). El hiperbólico (que se me explique eso de hiperbólico cineasta, mí no entender una expresión tan elaborada) cineasta batió la semana pasada un nuevo récord: descendió a lo más profundo del océano, al lecho marino en la fosa de las Marianas, a 11 kilómetros de profundidad en el Pacífico. Fue la primera persona en hacerlo sola (un lector avezado descubrirá que debía haber escrito “Es la primera persona…” y no “Fue la primera persona…”, pero no se pueden pedir peras al olmo, ¿verdad?). Lo que para el común de los mortales (nueva deificación poco sutil, de mala baba poco acerada, no exenta de cierto tufo a envidia, como si el autor de estas líneas follara poco, y/o mal…) hubiera sido una gesta para narrar a las generaciones venideras, para este canadiense de 57 años fue un día más en su excéntrica vida (claro, muy excéntrica, ¿qué dirá este hombre de las aficiones de Nick Nolte?).
Todo en la carrera de Cameron, que comenzó en 1978, es excesivo (¿absolutamente todo, amigo periodista? ¿también las tonterías que se escriben sobre él?). La segunda entrega de Terminator fue la primera película que costó 100 millones de dólares. Titanic fue la primera que superó los 200. Avatar las dejó atrás a ambas, con 237 millones. Estos dos últimos largometrajes son además los más taquilleros de la historia: Avatar ha ingresado 2.700 millones, y Titanic, 1.800. Una cifra que puede aumentar a raíz de su estreno en 3D. (ah, que por “todo” te referías a los presupuestos de sus películas…sí, se ve que te has documentado poniendo cifras, ya te has ganado el sueldo, muchacho, pero no dices que ‘Aliens’ y ‘The Terminator’ costaron cuatro duros y son hitos del cine…lapsus, claro)
Con Cameron siempre parece que el último proyecto megalomaniaco (poco sutil manera de poner a Cameron como un loco que no hace más que filmar insensateces…) vaya a acabar en debacle (…pero no añades que ni uno solo ha sido una debacle, sino que todos ellos han sido triunfos comerciales, y algunos grandes obras cinematográficas…¡ay, muchacho, qué pena!). En Abyss, de 1989, llenó una central nuclear abandonada con 30 millones de litros de agua y sumergió a su equipo 10 horas al día durante 10 semanas (¡malvado Cameron!). Para Titanic construyó una réplica del barco de 236 metros de largo, tan grande que Fox tuvo que construir un estudio por 57 millones de dólares en México con el único fin de contenerla (¡por Dios, qué malvado!). Con Avatar diseñó su propia cámara de tres dimensiones, instaurando un sistema de rodaje que el jefe de DreamWorks, Jeffrey Katzenberg, comparó a la irrupción del sonido o del color en el cine. (aquí al redactor, de cuya inteligencia dudo bastante, no puede evitar contar la puta verdad, que el Cameron de los cojones empuja la técnica cinematográfica a cada nueva película, pero no puede tampoco evitar añadir lo de la declaración de Katzenberg como si fuera una gilipollez supina)
Sus detractores reprueban un ego desmedido (aquí se desmarca, el tal Alandete, de Washington, como si él no se hubiera ya mostrado como un firme detractor…). Y no hay megaproducción suya a la que no se le vaticine el más estrepitoso fracaso (…y otra vez no añades que ninguna lo ha sido por el momento, sino el más clamoroso de los éxitos populares….). De Avatar se recuerda (¿quién la recuerda? ¡si aquí nadie la leyó, buen hombre!) la que fue probablemente su crítica más negativa (hasta que llegaste tú, te morías de ganas de decir, pero no puedes), de un pequeño diario de Alabama, The Auburn Plainsman,que le otorgó mil estrellas negativas. “Glu, glu, glu…”, titulaba la revistaTime en 1996 al escribir sobre Titanic. “¿Puede evitar el desastre el extravagante Titanic de James Cameron?”, se preguntaba la periodista Kim Masters. “El Titanic se hunde de nuevo (de forma espectacular)”, escribió Kenneth Turan en Los Angeles Times. Su perfeccionismo, que disparaba los presupuestos de los rodajes una vez iniciados, le valió la etiqueta, según señaló entonces The Sunday Times, de “el hombre más temido de Hollywood” (y lo que diga esa mierda de periódico, The Sunday Times, va a misa, ¿o no?).
Debía haber entregado acabadaTitanic en verano de 1997 (¡pero no lo hizo! ¡habráse visto semejante cabronazo!). Pero obligó a retrasar el estreno, alegando que los efectos especiales eran demasiado complejos (¡malvado, otra vez! ¡malvadísimo!). Su apabullante éxito contradijo a los agoreros (anda ya, ¿en serio?…lo que son las cosas). Ganó 11 oscars, incluidos los de mejor película y mejor director. Al recibir este último, Cameron repitió aquella frase de DiCaprio en el filme: “¡Soy el rey del mundo!” (porque se cree el rey del mundo, ¿verdad? para él, según tú, David de mis amores, el resto de la humanidad no vale nada, ¿por qué no lo has puesto en tu magnífico texto? cachis…).
Y el rey quiso venganza (además de malvado, cruel). A los días (ein?) de barrer en los Oscar, compró espacio en una página de Los Angeles Times para responderle al crítico de ese diario. “La sensibilidad crítica de Turan es el peor tipo de elitismo egomaniaco”, escribió. “A nadie le interesan los desvaríos violentos de un hombre amargado que ataca y destroza las películas en las que la gran mayoría de espectadores invierte su tiempo y dinero. Turan no sabe lo que es disfrutar de la alegría de ver una película como la mayoría de la gente lo haría. Ha perdido el contacto, por tanto, con sus lectores, y ya no sirve en su puesto” (aquí el astuto redactor no añade nada más, como haciendo un guiño cómplice, invisible al lector: “está claro, ¿no?”, dice ese guiño).
En todas sus películas hay una mujer fuerte, que acaba teniendo un protagonismo decisivo (¿y esto a qué viene?). En Aliens es la teniente Ripley, interpretada por Sigourney Weaver. En Avatar, Zoe Saldaña, convertida en la alienígena azul Neytiri. Y en la saga deTerminator, la sufrida (ein otra vez?) Sarah Connor, encarnada por Linda Hamilton, con la que Cameron estuvo casado entre 1997 y 1999 (empieza el amarillismo).
Ha contraído matrimonio cinco veces (uy, qué interesante…). Se divorció de Sharon Wi­lliams, una camarera a la que había conocido en la universidad, para casarse con la productora de Terminator, Gale Anne Hurd. A la directora Kathryn Bigelow le seguirían Linda Hamilton y su actual (y, según él, definitiva) esposa, Suzy Amis, una actriz que salía en Titanic (buen repaso, sí señor). Solo el destino cruel de Hollywood (ahora se pone poético, o absurdo, qué sé yo…) podía dar un giro de guion a su vida como el de ver su epopeya en 3D, Avatar, equiparada en nueve nominaciones a los Oscar a En tierra hostil, una modesta (con lo cual, mejor cine, ¿o no?) cinta indie (indie mis cojones, amigo, hay que documentarse más) dirigida por Bigelow. A Cameron, sentado justo detrás de ella, se le fue congelando la sonrisa a medida que avanzaba la gala (tú no viste la gala, davicín, pero yo sí, y Cameron aplaudió fervorosamente cada Oscar de su ex-mujer, a la que admira, y cuando se llevó el de mejor directora se levantó a ovacionarla, está en youtube, un poco de seriedad). Él logró tres galardones técnicos. Ella, seis, incluyendo los de mejor dirección y película (fíjate, se hizo justicia en los siempre injustos Oscar con una de las películas menos redondas de la Bigelow). Esa noche, Cameron no fue el “rey del mundo”. (admítelo, pillín: con la última frase se te ha puesto dura, culminando tu particular venganza y redondeando, en plan frase circular subnormaloide, esta obra maestra a la tontería universal)
Aunque los que me leen con cierta asiduidad saben de mi admiración por gran parte de la obra de James Cameron, está lejos de mi ánimo defenderle en todo y contra todos. Si se me viene con argumentos, yo me callo y respeto. ‘The Abyss’ está muy lejos de ser una película redonda, y ‘True Lies’ me parece una tontería de película como un piano de grande (con algunas de las peores escenas de acción, supuesta especialidad del Cameron, filmadas en mucho tiempo en el cine mundial, con chistes dignos de ZAZ, y dejando a los árabes como si fueran imbéciles…), pero hay varias cosas que, a poco que uno tenga cierta formación, cierta falta de prejuicios, y cierto amor por el cine, son incontestables: este tipo es el más grande director de sci-fi de todos los tiempos (el más completo, el más coherente, el más humano, el que más sabe de ciencia, el que más se moja, el que más acierta en prediciones de futuro), este tipo ha filmado las mejores secuencias de acción de todos los tiempos (las más complejas, las más impresionantes, las más conmovedoras), este tipo tiene unos cojonazos alucinantes (por los proyectos que levanta, por su forma de trabajar), este tipo es un autor (él mismo escribe TODOS sus guiones, al contrario que por ejemplo David Fincher o Ridley Scott, y en todos ellos se encuentran obsesiones y preocupaciones similares, estéticas, sociales, narrativas o psicológicas), este tipo tan odiado hace avanzar la técnica cinematográfica en cada película a todos los niveles (cámaras, sonido, CGI)…

Por supuesto, en rodaje tiene que ser una pesadilla inaguantable. Muchos actores han deseado estrangularle. Algunos colaboradores técnicos también. En sus declaraciones puede ser muy lúcido o muy arrogante y errático. Le encantó ‘Cisne negro’, la idiotez de película de ese retrasado mental llamado Darren Aronofsky, lo cual deja mucho que desear en cuanto a sus gustos contemporáneos. Pero nada de eso, y muchas otras cosas más, diluye su enorme aportación al cine. Eso sí, todo el mundo le odia. Pero todo el mundo va a ver sus películas. ¿Les apuntan con una pistola? no. ¿Esnobismo gratuito con el que desahogar carencias de personalidad? probablemente. Y dado que el autor de esta mierda de artículo que he diseccionado tenía ganas de atacar grandes cineastas, yo pensé en mandarle un borrador sobre Coppola, en el que dejar claro que para megalomaníacos, el cineasta italoamericano. Y además, adicto a la cocaína a finales de los setenta y primeros ochenta. Y fue repetidamente infiel a su mujer. E intentó joder a Polanski con su maravillosa ‘Tess’. Y ahora hace peliculitas de estudiante que nadie ve. Y se compró un castillo con las ganancias de ‘Drácula’, y su vida sí que es excéntrica. Pero hete aquí que al día siguiente me encuentro con ese artículo ya linkado que se titula ‘Coppola bebe demasiado’, y ya sé que el mundo se acaba (por cierto qué mal escrito está, y con vocabulario de colegial…me saco los ojos), y que hay que defender a otros como Aronofsky, o a Julio Médem, que mola mucho, y que el diario más leído de España está para publicar tonterías amarillistas.

Bravo. ¿Qué coño?: ¡Bravísimo!



interesante réplica de Adrián Massanet al articulista del País, extraída del blog del propio Adrián.

lunes, 9 de abril de 2012

EL TOLDO un relato de MARIANO ZURDO

 
 
 
 
 
 
 Que algo sea casi imposible no significa que no pueda suceder. Y si no, que se lo digan a Indalecio.
            Indalecio buscó algún diminutivo toda la vida para ocultar su nombre completo, pero Inda no cuajó y Lecio jamás fue una opción. Hacer referencia a la incomodidad que le provocaba su nombre quizás pueda parecer prescindible para esta historia, pero igual que cada idioma lleva detrás una cultura, cada nombre lleva detrás su fortuna o sus infortunios.
            Indalecio llevaba meses preparando el salto. Las simulaciones del ordenador no dejaban lugar a la duda, los cálculos estaban bien realizados y pocos imprevistos podían modificar la trayectoria y la velocidad de caída. Barajó muchas alternativas sabiendo que jamás podría abarcar todas. Al menos estudió las más probables y alguna de las descabelladas: un vendaval espontáneo, algún ave de mayor envergadura que los gorriones y las palomas que habitaban el barrio… El único escollo, el vértigo a las alturas, lo había reducido a un miedo controlable gracias a un entrenamiento concienzudo en las azoteas de los edificios más altos de la ciudad. Nada podía fallar y con esa tranquilidad se enfrentaba a la fecha elegida para saltar al vacío.
            E inexorablemente el día llegó. No cambió su rutina diaria hasta la hora convenida. No había motivos para hacerlo. Nadie sospechó lo que Indalecio se disponía hacer, así que la noticia posterior sería toda una sorpresa para todos los que le conocían.
            Llegada la hora Indalecio abrió la ventana, con agilidad se subió al alféizar y sin pensárselo demasiado se dejó caer.
            Hasta el piso décimo tercero todo iba bien. Según lo previsto, la cuerda de tender repleta de sábanas, como cada jueves a las cuatro de la tarde, amortiguó la primera fase de la caída provocando la deceleración necesaria para que el plan se desarrollara sin complicaciones.
            Ahora venía previsiblemente lo más complicado. Entre el décimo tercero y el quinto piso supuestamente no habría más obstáculo que el aire calmo de aquella tarde tranquila de verano. La postura de vuelo era clave e Indalecio la logró rápidamente tras recomponerse del encuentro con la cuerda y las sábanas.
            Enseguida aparecieron las macetas frondosas de la vecina del quinto, que había logrado un ecosistema verde con loro incluido en un bloque en el que primaban los cactus y las plantas de mentira. Indalecio frenó todo lo que pudo la caída aferrándose al ramaje y provocándose la dislocación de hombros y codos prevista, dislocaciones que no dolieron mucho más que la fractura de radio y la fisura de tibia que le provocó el topetazo anterior con las sábanas y un inoportuno tubo de desagüe a la altura del séptimo que hasta el día anterior no constaba como protuberancia estructural de la fachada.
            Dolorido, pero satisfecho por la eficacia de sus cálculos pese al imprevisto del séptimo, se dispuso a afrontar la última parte del descenso, relajado pues ya había pasado lo peor.
            Pero lo peor estaba por llegar y lo descubrió cuando miró hacia abajo y comprobó que el del bar procedía a cerrar el toldo con velocidad de marino experto plegando la vela mayor ante una tempestad sorpresiva. El toldo era imprescindible para que todo saliera bien, ya que debería de ejercer de manta paracaídas como las que usan los bomberos, y por su ligera inclinación debería hacerle rodar y caer mansamente a los pies de Fuencisla justo en el momento en el que ella salía cada día del bar camino de su casa acabada su jornada laboral entre fogones. Allí, magullado, por supuesto, nuevamente le declararía su amor y esta vez ella no tendría más remedio que aceptar esa ofrenda caída del cielo.
            Fuencisla, que después de probar con Fuencis, con Fuen y con Cisla decidió apechugar con su nombre entero con todo el orgullo del que fue capaz, ignoraba a Indalecio sin pudor, con escarnio, diría yo. Indalecio, enamorado hasta las trancas, le prometió que ya que ella no lo haría, él sí que caería rendido a sus pies, con una literalidad nunca jamás vista.
            Sin toldo, Indalecio se precipitó a plomo contra la acera. Lo suyo no era la improvisación y no supo cómo acomodar su cuerpo para que el choque fuera lo menos agresivo posible, y el aleteo desbocado lo único que provocó es que el aterrizaje fuera mortal y sin puntilla.
            Indalecio el Suicida, que así pasó a ser conocido en la vecindad, murió sin saber que Fuencisla ese día no salió de casa aquejada por una rara gripe veraniega. Tampoco llegó a saber que, a cambio, cayó a los pies de Rosalinda, más conocida como Rosa porque de Linda tenía poco, mujer que le persiguió toda la vida y a la que Indalecio repudió con más fiereza de lo que la propia Fuencisla había hecho con él mismo. Que algo sea casi imposible no significa que no pueda suceder y Rosalinda, desde entonces, va diciendo por ahí que es su viuda.
 
 
 
extraído de su blog que podeis ver aquí.

I USED TO BE A SPARROW con su álbum debut LUKE



Magnífico descubrimiento el de este grupo.

ES EL MOMENTO DE ESCRIBIR





- Es el momento de escribir.
- ¿Cómo lo sabes?
- Lo sé porque lo estoy evitando a toda costa.





reflexión de ANDRÉS GONZÁLEZ ANDINO extraída de su blog personal




sábado, 7 de abril de 2012

XXVIII.



Deambular en un intento de no perder la calma,
tal vez mantener la pose con la que se busca huir.



Ya quedaron lejos los caminos donde la anaconda juega a su antojo,
bajo un cielo dislocado a la altura de las sienes encanecidas.



Un silencio.


Un prolongado silencio que pretende ser un fa sostenido.
                                                                                          Sostener.


Sostener es una palabra con demasiadas acepciones.

Con demasiadas heridas.

Las heridas no las produce la anaconda.


Pero las lames.
No en lo desesperado.
No para irse de si.


Si acaso lamer como terapia de conocimiento.
Como un regreso a si mismo.


poema inédito de Ángel Muñoz, imagen extraída de la web.

Jonathan Jeremiah y HAPPINES



Magnífico músico este Jonathan Jeremiah.

Hace unas horas que tengo el album de debut de Jonathan Jeremiah. Había oido cosas magníficas de este artista que sostiene que aún es posible seguir la senda de Scott Walker, Cat Stevens, John Martyn y Jeff Buckley.
Nada más tener el álbum en las manos, he visto que el disco se lo dedica a SIR JOHN BARRY. Me ha llamado mucho la atención. Era un magnífico detalle.
Más que un detalles es una ecuación hacia la calidad. Pues, bien, este amante de la música llamado Jonathan Jeremiah, con su opera prima, “A solitary Man”, simplemente, ha grabado el disco de debut más impresionante, más sorprendente y repleto de calidad que he oido en años.
Escucho y vuelvo escucharlo y no me lo puedo creer. Para empezar tiene una voz de barítono maravillosa. Casi muy grave. Sólida, que se meta en el alma, con un timbre maravilloso que a veces me recuerda a Gordon Lightfoot.


información extraída de la web de PLÁSTICOS Y DECIBELIOS



EL PORQUÉ DE LAS COSAS de Quim Monzó. Lectura actual.



Sinopsis
En este libro, la capacidad de síntesis de Quim Monzó llega a su máxima pureza: sus relatos, aparentemente simples y esquemáticos, son una enérgica exhibición de maestría, y se complementan para formar un todo que nos muestra con implacable precisión la eterna incertidumbre humana. El porqué de las cosas ha sido uno de los mejores éxitos de crítica y de ventas de la literatura catalana de los últimos años. Un libro que confirma la calidad de un autor que la crítica internacional ha comparado con Kafka, Borges y Rabelais. «Los cuentos de hadas de Quim Monzó no son los cuentos de hadas tradicionales, sino las historias de nuestro presente de relaciones afectivas, narradas por el autor, a contracorriente, de manera cruda, directa, implacable, a veces obscena y brutal...
Biografía del autor
Quim Monzó (Barcelona, 1952) se ha convertido en el indiscutible primer escritor de su generación en lengua catalana. Anagrama ha publicado en castellano las novelas Gasolina y La magnitud de la tragedia y los libros de relatos Melocotón de manzana, La isla de Maians, El porqué de las cosas, Guadalajara, Ochenta y seis cuentos, El mejor de los mundos y Mil cretinos.




texto extraído íntegramente de la web de Enlaces editoriales

miércoles, 4 de abril de 2012

NILS FRAHM- KIND



Delicioso.

Redención ( Tyrannsour)



La primera película del actor Paddy Considine tras las cámaras no hace concesiones a nadie: es brutal, durísima, no apta para todos los públicos. No por la violencia que ejercen sus personajes, sino por los efectos de esa violencia; por las víctimas. Considine retrata un mundo de hombres violentos, y en ese mundo desalmado quienes primero pagan las consecuencias son los niños, las mujeres y los animales. El filme recuerda un poco a la ópera prima de Gary Oldman como director (y, por cierto, Considine le da las gracias en los créditos finales), Los golpes de la vida. Va en esa línea: ingleses alcoholizados, tipos rudos que estallan, esposas apalizadas, pisos infectos en barrios pobres…

El protagonista, Joseph, arrastra un pasado que le consume y le está empujando a la locura: una de las claves está en el título original y la historia que apareja esa palabra. Y Joseph conoce a Hannah, una mujer a la que su marido suele pegar. Es decir: el director nos muestra a dos personajes heridos. La gran baza del filme es, por supuesto, Peter Mullan, quizá en su mejor papel hasta la fecha. Su trabajo es extraordinario. Olivia Colman también ofrece una gran interpretación, que le ha valido un montón de premios. Pero quien me ha sorprendido es Eddie Marsan, en la piel del marido maltratador. Quien haya visto los dos largometrajes de Guy Ritchie sobre Sherlock Holmes recordará, sin duda, al Inspector Lestrade, un agente loser que, sin embargo, siempre acaba recompensado por los casos que resuelve Holmes. Pues bien: si en esas dos películas Marsan era el hazmerreír, en Redención se come la pantalla; mete miedo e inspira asco. Redención es una gran película; pero ya advierto que golpea, su análisis del dolor y de la desesperación te dejan molido.  



entrada extraída íntegramente del blog de José Ángel Barrueco, mi tocayo

Tres luminarias más de CURIEL



35.

Un cementerio siempre es un canto a la vida. A pesar de todo un canto jondo, un canto con la garganta. Un canto a la permanencia de cada uno. Ningún poeta debería ser incinerado. Las palabras en la piedra, bajo el cielo, durante los días, abiertas, últimas en el límite de cada uno, y por eso infinitamente más duraderas.



39.

Las ruinas antiguas son los verdaderos templos del espíritu
en nuestro tiempo vacío.


41.

Para no estar gordo subir montañas. Subirlas hasta desaparecer. Trabajar de nuevo con las manos. Mover el cuerpo de uno como si fuera el de otro. Portarnos como si nos comportáramos de otra manera. Si adelgazamos nuestra propia poesía adelgazamos nuestras pasiones. Ser más que estar. Siempre ser aunque no estemos.


viernes, 30 de marzo de 2012

XXIV.



Fuera está sucediendo algo.

Mientras
en la casa la permanencia se hace casi obligatoria.

Pretender el esfuerzo de la hormiga
supone un puño anclado en los ojos.

Así reduzco la belleza que tanto tiempo acosa las mentes
hasta reducirlas a mera estupidez.

Tarde o temprano el café de las once no se presentará
siempre que el bulo de tu rendición merme las sombras a su paso.

Vivir aquí no es vivir ahí fuera,

es paliar entre paréntesis
la ansiedad que produce la invasión de todo adoquín.



poema inédito de Ángel Muñoz. Imagen extraída de la red.

RESET. Hace un año



Todo era triste entonces, eso lo supe luego.
Íbamos al colegio con aquellos
pantalones tan cortos. En el patio, el recreo
era un parque temático pero sin luz eléctrica.
Bailábamos peonzas, jugábamos al clavo,
siempre al fútbol con balones de trapo.
Llovía sin parar, todos los días,
una lluvia tenaz, torpe, liviana, que empapaba la ropa,
los chalecos de lana que mi madre tejía.

Todo era triste entonces, pero yo lo ignoraba,
yo era un niño feliz a pesar de los curas.
Era normal que cada invierno dieran la vuelta a los abrigos,
y cada primavera una modista gorda cambiara a las camisas
los cuellos y los puños. Los amigos
-ya nos vamos muriendo- eran algo intocable.

Todo era triste entonces, eso lo supe luego.
Todo era triste entonces y sigue siendo triste,
lo malo es que ahora sé lo que antes no sabía
y siento un malestar tripas adentro
cuando pienso en los días felices de mi infancia.

No puedo ser feliz. No quiero
haber sido feliz. Sigue lloviendo
y ahora el agua me cala hasta los huesos.
No tengo en la cabeza más que muertes
de efectos especiales. Muchas veces
me despierto en la noche envuelto en nieblas
de traición o de olvido. Me todo dos pastillas
y me vuelvo a dormir, y me regreso
al patio del colegio, allí están todos.


poema de JOSÉ LUIS ZÚÑIGA, amigo, poeta, cantautor, persona. 

TE AÑORO AMIGO. TU AMIGO "VOLTI", AHORA MENOS "VOLTI".

fotografía realizada por Ángel Muñoz