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viernes, 26 de abril de 2013

SALEM será maquinista




Este sábado tendremos a Carlos Salem de maquinista en este tren que se desborda siempre, un currante de la palabra y de la amistad, que se pelea con la vida a mordiscos, que escribe como duele, que las lía parda con amigos y que la lió buena en el Bukowski durante unos buenos años con el corazón abierto, acogiendo a todo el mundo y montando un lugar (junto con Inés) que seguirá dando de qué hablar a pesar de que haya desaparecido. 

La semilla de la poesía está ahí y sigue germinando también gracias a él.

Salud.

viernes, 28 de octubre de 2011

Última adquisición, la novela de Carlos Salem


¿Qué sucede cuando alguien abre la puerta inadecuada? Al protagonista de esta novela, un argentino "jodido pero contento" que no tiene donde caerse muerto en Madrid se le ocurre hacer uso de una llave que le han pedido que guarde y pasar unos días en un apartamento vacío. Esta decisión convertirá su vida en una montaña rusa: conocerá a un matón violento y sentimental que le obligará a buscar un dinero robado a unos ladrones; a una chica aficionada a andar desnuda y deseosa de amar; a un criminal con muy malas pulgas llamado El Muerto; a un detective torpón; a un policía enamorado de una mujer con dos caras... todos en busca de una maleta con mucho dinero y de la única persona que puede saber dónde está: la desaparecida propietaria del apartamento...

texto extraído de la web Negraycriminal

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Un jamón del calibre 45 de Carlos Salem


De Carlos Salem. Novela que comienza así:

Tres palabras: jodido, pero contento. Así me sentía ese viernes por la mañana mientras caminaba hasta Correos con la mochila a la espalda y los bolsos cruzados. Mi sombra se estiró en la vereda casi desierta y pensé que si me ponía un sombrero iba a parecer el chino de Kung Fu. Yo era muy chiquito cuando pusieron la serie en la tele, pero después la repitieron tantas veces que me la sabía de memoria. Las series siempre se repiten. Como las despedidas.
Me moría de sueño. Había pasado la noche en los bares de Malasaña, que en seis meses en España se habían convertido en las provincias de mi patria provisional. Pude dejar los bolsos en cualquiera de ellos y volver a buscarlos después, pero preferí acarrearlos de un bar a otro y entrar de día en mi nueva casa. No quería llegar como un perro apaleado. Una voz enana en mi cabeza preguntó que cuál era la diferencia y la mandé a cagar. Volvió al ataque sugiriendo que a lo mejor ya era hora de usar el pasaje de vuelta a la Argentina y no supe qué contestar.
Seguían siendo tres palabras, pero a lo mejor tenía que cambiar el orden.
Contento, pero jodido.


conozco a Salem desde hace un tiempo, a Barrueco ídem. Enhorabuena a Carlos por la publicación y gracias José Ángel por el post que he traído de su blog al mío.