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miércoles, 20 de marzo de 2013

POEMAS TRADUCIDOS POR GUOJIAN CHEN

LAS NUBES
Lai Hu (?-802)

 
Mil imágenes, mil figuras, y pueden quedar en nada.
Ora divagando en las aguas,
ora escondidos entre las montañas,
aparecen y desaparecen por arte de magia.

Mil brotes de arroz, mil plantas cultivadas,
mustias y moribundas por la sequía.
Mas vosotras, impasibles y ociosas,
presentáis aspectos de abrupta cimas.





EL CERRO DE HUAZI


Pei D. (716-?)
Sol poniente. Se levanta el viento entre los pinos.
Regreso a casa. Se disipa el rocío de la hierba.
A través de las nubes, la luz invade mis huellas.
El verdor de los montes acaricia mi túnica.






BEBIENDO CON EL ERMITAÑO EN LA MONTAÑA 

                                                                                                                                                   de Li bai

Frente a frente, una copa, otra copa, y otra
bebes tú y yo en la montaña florida.

Ya ebrio, quiero dormir. Puedes irte.
Si quiere, vuelve mañana con tu cítara.




en Poemas chinos para disfrutar traducidos por Guojian Chen



EXTRAIDO DEL BLOG ANA GORRÍA

miércoles, 31 de octubre de 2012

Siete poemas de Ana Gorría



Trasluz
Hogueras que se encienden en las faldas del sueño:
la luz, que no dormida, agota las luciérnagas.
Enfermo de horizonte, el cansancio que incendia
su clave de amapola.
Los párpados cansados de la noche,
la altura de la luz,
su almena rota,
el dardo meridiano que se extingue
después de las ventanas.


Celda
           Recogimiento,
                                        voz
que alumbra las paredes:


primavera en secreto.


Límites para el cielo
Después el sueño
                           lento,
la morosa
caducidad de un niño.


El animal que olvida la distancia.


III
[Ariadna olvida el mar]

El rostro reclinó. Desde la orilla
todo era paz. Olor. Inmensidades.
Verdades concedidas al espacio,
suavemente oscilando entre las ramas.
Aspiró el aire frío que se abría
como un sol de papel en los pulmones.
Saber del mar su luz, su pasadizo.
Atrás dejar la sal. Volver a casa.


Tantálida
Balsa que en el estómago
naufraga,
lejano el sol,
imperio de la sed.


Sintaxis en ceniza
A pesar de la duda y del cansancio,
triste animal,
                             vencido,
que la tierra
consiente.


Invierno
Estación de cristal
donde la lengua acude
a olvidar signos.
Pulso de paz y cielo,
la nieve enciende flores de ceniza.


Araña. Ana Gorría. El Gaviero Ediciones. Colección Troquel. Almería. 2005.

extraído del blog de Ándres González


martes, 11 de septiembre de 2012

CUENTO DE NAVIDAD Y TAL



Dice "¿De dónde sois?, que el niño

para inscribirlo la nacionalidad tal y tal cosa"

(yo ahí me perdí) y le dicen (se señalan)

"Turquía, y Paraguay".



Yo hasta entonces tenía mucho frío

y la aprensión, la angustia anticipada:

despacho de abogados de extranjería,

la espera, la diversidad de dramas,

el miedo, aquella gente

que aún no había visto y ya sabía triste.

De repente, la calma. Turquía, y Paraguay.

Y el niño que está en la cuna.



En la estación del metro, saxo tenor tocando

"Las hojas muertas", y bastante bien.

A la salida noto escarcha nueva.

Queda luz en el cielo y cabe mucha

tarde esta tarde para ser ciudad.

Quitando las palabras, es inefable todo.

Vamos, diría yo.


Carlos Piera
 
 
 
 
 
 
 
Luis Vidal


extraído del blog de Ana Gorría

miércoles, 29 de agosto de 2012

Un poema de Severo Sarduy






                                                                 Camille Vannier




Poema uno

Escritos en el suelo han quedado los signos de la muerte.
Y en los mosaicos de piedra roja
el estampido de los rostros de oro.

La humedad ha cubierto los frescos.
En la escalera
las manchas de los pies rajados.

El polvo ennegrece el resto.

La ventana está abierta.
La ciudad saqueada.


Severo Sarduy
 
 
 
 
 
extraído del blog de Ana Gorría

jueves, 12 de julio de 2012

ODA AL INVIERNO de Jorge Eduardo Eielson



Oda al invierno

El invierno es todo frutas y linternas
Olvidadas y esqueletos santos de palomas
En el bosque. El invierno besa, enamorado,
Los labios gloriosos de la vid con sus labios
De granizo, y se duerme sobre ella.
El invierno puede venir un día, blandamente,
Por el valle y, cual un fósforo en la mano,
Llevarse una vida a su ciudad como un ladrón.
El invierno enjoya al hombre tristemente,
El invierno lava tumbas de monarcas
Y mendigos, y corona el áureo y viejo otoño
Con un rayo de ceniza en la cabeza. Respetad
Al invierno, la antigüedad de sus plantas,
Su cetro de rocío en la espesura; respetad
Los rostros eternos de los árboles y el viento
En su dominio, cuando cesa todo en torno
Y él se inclina, carcomido y sonoro, como un piano
En un estanque o como un muerto en una tumba.



Jorge Eduardo Eielson
 
 
 
 
 
OFELIA de Carmela García
 
 
 
 
entrada extraída del blog de ANA GORRÍA

miércoles, 27 de junio de 2012

DOS POEMAS DE NONI BENEGAS



Tanto pude, tanto no puedo ahora.
Tanto va el cántaro a la fuente
que al final sobra.

Tanto vivo, tanto muero.
Una ventana
esta luz, lucífera
que no alumbra lo de adentro,
y distrae al día de lo auténtico
que en el día ocurre,
cerrada por las mañana a la vida
que colaba de mí por las noches.

Volverme del revés
                              y reptar anfibia,
mi anverso palpando el mundo
mi reverso oreando el cielo.


de Noni Benegas
 
 
 
 
 
Agnes Martin
 
 
 
 
 
Toca 
tantea
trata
palpa
palpita
pero enseguida
pide explicaciones.
de Noni benegas
 
 

ENTRADA EXTRAÍDA DEL BLOG DE ANA GORRÍA Y TEXTOS DE NONI BENEGAS.

jueves, 7 de julio de 2011

5 poemas de Ana Gorría


en ausencia de símbolos

La voz en su mediana incandescencia.

Así,

la lejanía

leve espiral de sol: vientre, llanto,

tú.

Decir es lo que duele.





en apariencia

Suave melancolía en lo estival, las formas:
Espacios que podrían resultar transparentes.





umbilical

Si estación transparente resuelta en luz herida,

lento espacio sin voz
abriéndose a la tierra.

Canción hasta el dolor, sueño de cal:
ardiendo,

qué hilo no nos separa de la nada.





vigilancia desnuda

Contra la piel el aire forma
las palabras, arde la lengua.
Descansa ya en la voz el ojo:
la rosa recién muerta de
la rosa recién brota para
nunca una rosa es una rosa





corazón

Golpe tras golpe,
como pólvora seca
sobre la escarcha.



todos los poemas extraídos de aquí.

miércoles, 23 de marzo de 2011

EL LÍO CON LA POESÍA del blog de Ana Gorría

Lo único para lo que siempre ha sido buena la poesía es para hacer que los niños odien la escuela y brinquen de alegría el día que no tengan que ver más otro poema. Todo el mundo entero coincide en ello. Nadie en su juicio, jamás, lee poesía. Incluso entre los teóricos literarios de hoy día está de moda señalar como inaccesible toda la literatura, especialmente la poesía. Que algunas personas todavía continúen escribiéndola es una rareza que pertenece a alguna columna “Créalo o No” del periódico.
Cuando los poetas encomiaron a los dioses y a los héroes tribales y glorificaron su sabiduría para la guerra, fueron tolerados, pero con la aparición de la poesía lírica y la obsesión del poeta con el ego, todo cambió. ¿Quién quiere oír acerca de la vida de seres insignificantes, mientras los grandes imperios se erigen y caen? Todas esas fruslerías sobre estar enamorado, besuquearse y experimentar detenidamente la alborada del día mientras canta el gallo, es de lo más risible. Maestros, clérigos y otros policías de la virtud siempre han sido cómplices de los filósofos. Ningún modelo ideal de sociedad, desde Platón, ha aceptado a los poetas líricos, y por abundancia de buenas razones. Los poetas líricos están siempre corrompiendo a los jóvenes, haciéndolos ahogarse en autocompasiones y condescender en embelesamiento. El sexo sucio y la falta de respeto por la autoridad es lo que los poetas han susurrado en los oídos de los jóvenes por siglos.
“Si él escribe versos, échalo a patadas”, se le aconsejó a un novel padre hace dos mil años en Roma. Y eso no ha cambiado mucho. Los padres de familia todavía prefieren que sus niños sean taxidermistas y recaudadores de impuestos en vez de poetas. ¿Quién puede reprocharles? ¿Preferiría usted que su única hija sea poeta o mesera de un club nocturno? Esa es una dura elección.
Incluso los verdaderos poetas han detestado la poesía. “Hay muchas cosas tras este engaño”, dijo Marianne Moore. Y ella tenía su punto de vista. Algunas de las cosas más estúpidas que los seres humanos han proferido se hallan en la poesía. La poesía, como regla, ha avergonzado tanto a individuos como a naciones.
La poesía está muerta, han gritado felizmente por siglos los enemigos de la poesía y aún lo hacen. Nuestros poetas clásicos, nuestros profesores en boga nos lo han dicho —en tanto que ellos no son más que un manojo de propagandistas de las clases gobernantes y de la opresión masculina—. Las ideas una vez promulgadas por los carceleros y asesinos de los poetas en la Unión Soviética son ahora un gran éxito en las universidades americanas. El esteticismo, el humor, el erotismo y todas las otras manifestaciones de la imaginación libre son sospechosas y deben ser censuradas. La poesía, esa tonta diversión de lo políticamente incorrecto, ha dejado de existir para nuestras clases educadas. No obstante, a pesar de ellos, la poesía se sigue escribiendo.
El mundo parece siempre premiar la conformidad. Cada época tiene su límite oficial sobre lo que es real, lo que es bueno y lo que es malo. El ideal es un plato hecho de deshonestidad, ignorancia y cobardía servido cada noche con un aspecto serio y un aire de la más alta integridad por los noticieros de televisión. La literatura también está preparada para unirse a ello. Su tribu está tratando siempre de reformarte y de enseñarte sus modales. El poeta es ese niño que, de pie en la esquina, con la espalda vuelta a sus compañeros, piensa que está en el paraíso.
Como si eso no bastase, los poetas, todos lo sabemos, son mentirosos de campeonato. “Llegas a mentir para mantenerte medianamente interesado en ti mismo”, dijo el novelista Barry Hannah. Ello es especialmente cierto para los escritores de versos. Cada uno de ellos cree que impostándose a sí mismo dice la verdad. Si no podemos ver el mundo tal como es en realidad, se debe a las capas de metáforas muertas que los poetas han dejado en todas partes. La realidad es sólo un viejo y descascarado cartel de la poesía.
Los filósofos dicen que los poetas se engañan a sí mismos cuando moran amorosamente en los detalles. La identificación de lo que permanece intocable por el cambio ha sido la tarea del filósofo. La poesía y la novela, al contrario, han sido recreadas con lo efímero —el olor del pan, por ejemplo—. Por lo que a los poetas concierne, sólo los tontos son seducidos por las generalizaciones.
Cielo y tierra, naturaleza e historia, dioses y demonios están todos escandalosamente reconciliados en la poesía. Por analogía se dice que cada cosa es todo, todo es cada cosa. Por consiguiente, los mejores poemas religiosos están cargados de erotismo. Subjetivamente, los poetas pretenden también trascender ellos mismos a través de la práctica de hallar su identidad en las cosas lejanas y apartadas. En un buen poema, el poeta que lo escribió desaparece para que el poeta-lector pueda llegar a existir. El “yo” de un total extraño, un chino antiguo, por ejemplo, nos habla desde el lugar más confidencial dentro de nosotros mismos, y nos deleitamos.

El verdadero poeta se especializa en un género de alcoba y metafísica de la cocina. Soy el místico de la cacerola y mi amor son los rosados dedos del pie. Como cualquier otro arte, la poesía depende del matiz. Hay muchas maneras de tocar el encordado de una guitarra, de besarse y morderse algún dedo del pie. Los músicos de Blues saben que unas pocas notas debidamente tañidas tocan el alma, y así lo hacen los poetas líricos. La idea es que es posible hacer platos asombrosamente sabrosos con los ingredientes más simples. ¿Fue Charles Olson quien dijo que el mito es una cama en la cual los seres humanos hacen el amor a los dioses? Mientras los seres humanos se enamoren y compongan cartas de amor, los poemas tendrán una razón de ser.

La mayoría de los poemas son bastante cortos. Lleva más tiempo estornudar naturalmente que leer un haikú. Sin embargo, algunos de estos “pequeños” poemas han acertado a decir más acerca de la condición humana, en unas pocas palabras, que siglos de otros géneros de escritura. Los poemas cortos y ocasionales han sobrevivido por miles de años desde la épica y sólo lo tocante a todas las cosas ha crecido ilegible. El misterio supremo de la poesía es la forma en que tales poemas lanzan un hechizo sobre el lector. El poema es absolutamente entendible después de una lectura, y casi inmediatamente uno quiere releerlo de nuevo. La poesía es, en conjunto, repetición que nunca llega a ser monótona. “¡Más!”, gritarían en coro mis hijos soñolientos después de terminar de leerles algún cuento para niños. Para ellos, como para todos los amantes de la poesía, hay sólo más, y nunca bastante.

Es la calidad paradójica de la poesía la que precisamente le da su sabor. La Paradoja es su condimento secreto. Sin sus numerosas contradicciones y su impertinencia, la poesía sería tan blanda como un sermón del domingo o el discurso de un presidente. Se debe a sus muchas y deliciosas paradojas que la poesía haya derrotado y sobrevivido continuamente a sus críticos más duros. Cualquier intento de reformar la poesía, de hacerla didáctica y moral, o aún de restringirla dentro de alguna “escuela” literaria, es entender mal su naturaleza. La buena poesía nunca se ha desviado de su propósito de ser una fuente inagotable de paradojas acerca del arte y la condición humana.
Sólo un estilo que es un carnaval de estilos devela la irreverencia que me parece apropiada para la poesía hoy. Una poesía, para abreviar, que tiene la recepción de un cable de televisor con más de trescientos canales, más hechos extraordinarios que ficciones, falsos milagros y supersticiones en escaparates del supermercado. Un poema que es como un espectáculo de Elvis Presley en Marte, la mujer con tres tetas, el cuadro de un perro que se comió la mejor obra de Shakespeare, la noticia de que el infierno está atestado y de que ahora en el cielo se están estableciendo los pecadores más perversos.
Aquí, por ejemplo, viene un compañero sin casa ni hogar cuya cabeza calva perteneció una vez a Julio Cesar. ¿No te vi vociferando en un stip-tease, ayer, en el Times Square, le pregunto? Cabecea felizmente. Mi siguiente pregunta es: ¿Aníbal cruzará de nuevo Los Alpes con sus elefantes? “Observa afuera a la querida poeta”, es su respuesta. “Si llega a girar con su carro lleno de compras, de libros viejos y ropa usada, alístate para oír un poema.”

Eso me recuerda que mi bisabuelo, el herrero Philip Simic, murió a la edad de noventa y seis en 1938, el año de mi nacimiento, después de regresar tarde a casa, una noche de taberna en compañía de unos gitanos. Pensó que lo ayudarían a dormirse, pero murió en su propia cama con los músicos tocando sus canciones favoritas. Eso explica por qué mi padre cantaba canciones de gitanos y por qué yo escribo poemas, porque como mi abuelo, yo no puedo dormir en las noches.




"El lío con la poesía", Charles Simic.
Revista Trimestral de Michigan 36, no. 3 (invierno de 1997).
Traducción de Óscar Pinto Siabatto.



extraído del blog de la poeta ANA GORRÍA