lunes, 20 de febrero de 2017
Mircea Cartarescu en y sobre la poesía y su oficio
`Hoy, cuando la civilización del libro agoniza y cuando penetramos con voluptuosidad en los espantosos desfiladeros de los virtual, la poesía es menos visible aún. La modernidad implicaba una civilización centrada en la cultura, una cultura centrada en el arte, un arte centrado en la literatura y una literatura centrada en la poesía. La poesía en la época de Valéry, Ungaretti y T.S. Eliot era el meollo del meollo de nuestro mundo. Ahora, la descentralización posmoderna ha producido una civilización sin cultura, una cultura sin arte, una arte sin literatura y una literatura sin poesía. En cierto modo, los polos de la vida humana se han invertido de manera brusca y las primeras víctimas han sido los poetas.
Y, sin embargo, humillada y disuelta en el tejido social, casi desaparecida como profesión y como arte, la poesía sigue siendo omnipresente y ubicua como el aire que nos envuelve. Pues, antes que una fórmula y una técnica literaria, la poesía es un modo de vida y una forma de mirar el mundo. Expulsados de nuevo de la ciudadela, los poetas han aprendido a luchar con las mismas armas que la civilización que los condena. Se han refugiado en las redes de los blogs literarios, donde publican libremente sus textos eludiendo las servidumbres de toda forma de comercialización, y han encontrado cobijo en los lyrics de la música rock y el rap, han conquistado las almenas de los vídeos musicales y comerciales. Han aprendido a competir en los slams de poesía interpretada. Han comprendido la alegría del anonimato, la alegría de la autosuficiencia de producir textos para unos cuantos amigos, han aprendido a protegerse de la brutalidad del mundo circundante y de la vulgaridad del éxito. Nada es más discreto, más admirable y más triste, en cierto sentido, que el poeta de hoy, el último artesano en un mundo de copias sin original, como escribía Baudrillard, el último ingenuo en un mundo de arribistas. ´
MIRCEA CARTARESCU en "El ojo castaño de nuestro amor"
miércoles, 14 de marzo de 2012
DON ANTONIO (Machado), LA LOLA Y LO QUE SE DEJA CUANDO SE ELIGE por Alejandro Céspedes

NO es ningún secreto para quienes me conocen que no me gusta Machado. Diría que incluso para quienes no me conocen de nada. O sí, conocen mi poesía. Una de las frases que más me llamó la atención de la crítica que hizo Ainhoa Sáenz de Zaitegui en El Cultural-El Mundo sobre “Topología...” fue: “El que quiera lírica que lea a Machado.
Aunque esto habría que hablarlo más despacio, uno de los problemas de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX es haber tenido por padre a Antonio Machado.
Machado es contemporáneo de Oliverio Girondo, de Pessoa, de Aleixandre y, entre otros, de Wallace Stevens (13 años mayor que el portugués -el mayor- y 22 que que Stevens -el menor de ellos). Pessoa muere 4 años antes que él y Wallace Stevens 16 más tarde. Los otros fueron bastante más longevos. Quiero decir que en muy pocos años de diferencia hay una percepción abismal respecto a los caminos sobre los que debería transitar la poesía. La de los otros cuatro tiene los pies completamente firmes en el siglo XX, pero Machado aún la tiene en el XIX. Esa es una de las diferencias. Cuando Machado publica “Campos de Castilla” a finales de 1912 (por cierto en Renacimiento, y por cierto también este año se cumple el centenario) Wallace estaba ya escribiendo los primeros poemas de “Harmonium”, en 1919 ya había aparecido alguno y en 1923 se publicaría el libro completo.
Si la “oficialidá” hubiese tomado como ejemplo patrio a Vicente Aleixandre (sobraban más que motivos) otro gallo machadiano nos cantara. Pasó lo mismo con nuestro romanticismo. Se prefirió Bécquer a Rosalía, aunque me parece muchísimo más interesante la de ... (no sé qué me da poner "compostelana", Rosalía nació en tantos sitios), siendo, además, nuestro primer exponente de la "poesía social".
Podría escribir mucho más sobre esto pero ahora no tengo ganas. En realidad más que no gustarme creo que lo que me pasa con don Antonio es que me resulta antiguo, previsible en el uso de la retórica y otras artes, cosa que nunca me producen los demás. Sin embargo esta mañana, revolviendo en mi “Commonplace Book” encontré unas citas de vaya usté a saber cuándo, que me han llevado hasta Machado.
Leí “La Lola se va a los puertos” cuando tenía 15 años, cuando devoraba todo el teatro que en aquellos años oscuros podía encontrarse en las bibliotecas públicas. “La Lola se va a los puertos” es una obra de teatro escrita por Manuel y Antonio Machado y estrenada en 1929 de la que más tarde se haría la película (las películas, porque hubo -que yo recuerde- dos, una de Juan de Orduña en 1947 y otra, a la que me refiero, magnífica, de Josefina Molina en 1993, con Rocío Jurado, Jesús Cisneros y un glorioso Paco Rabal). Un alarde de cine español. El guión ofrece una belleza literaria y una profundidad psicológica de los personajes magistral.
No sé a dónde quiero llegar. Porque si lo que pretendía era rehabilitar ante mí mismo a don Antonio, la verdad es que lo pongo de nuevo en duda. Los diálogos originales están escritos en ese machacón ritmo octosílabo tan machadiano que aburre a las almejas. Así que la labor de actualizar el texto para el guión ha tenido que ser una tarea. Pues eso, que a mi me pasa lo mismo que a la Lola, que no sé a dónde quiero ir. Ella al final se marchó de la Andalucía opresiva de Machado y de Aleixandre para ir a hacer las américas, donde Girondo y Stevens. A lo mejor me estoy inventando que partieron de Lisboa.
De ese guión rescato las citas de mi “Commonplace Book”. Por si no recuerdan, la escena es esta: Jesús (un guapísimo Jesús Cisneros que hace de hijo de un terrateniente hijolagranputa donde los haya que encarna prodigiosamente Paco Rabal) está en ¿la cama? -no recuerdo- con Lola, mucho mayor que él (famosa cantaora gaditana de armas tomar y de la que tanto el padre como el hijo están enamorados hasta el tuétano. No sabría decir en realidad quién de los dos la quiere más al final). Jesús quiere a toda costa que se escapen juntos y le dice que hará lo que ella quiera (el diálogo completo -que no reproduzco porque no lo he anotado- es una preciosidad):
Jesús: “Vámonos Lola”
Lola: “Tú eres tan guapo...
y yo estoy tan cansada....”
Jesús: “(…) haré lo que tú quieras”
Lola: “Lo que yo quiero son 20 años menos para decirte que sí”
Jesús: “Entonces... ¿no soy nada para ti?
Lola: “Sí, lo que se deja cuando se elige”
extraído de su blog/web que podeis leer aquí
Autoría de la instantánea: DAVID GARCÍA TORRADO.
martes, 24 de mayo de 2011
Reflexión extraída del blog de Martín López-Vega

Lo que está pasando estos días en Madrid y otras ciudades españolas no es algo que no se viera venir. Dice el proverbio que uno puede retroceder durante mucho tiempo si le ponen una espada en el pecho, pero cuando se topa con una pared y la espada amenaza por fin con trincharlo, reacciona. Y eso es lo que está ocurriendo. Gente de todas las edades agobiados por los desmanes del sistema capitalista (¿de verdad alguien pensó que la caída del comunismo suponía más una victoria que un presagio?) han decidido reaccionar. Ahora solo cabe esperar que tengamos aguante hasta lograr lo que se pretende.
Porque ¿qué se pretende? La falta de discurso llamó la atención en las primeras horas, pero no es preocupante; existen los motivos y el discurso se articula sobre esos motivos. Se trata de un movimiento ciudadano espontáneo, no movido por un manifiesto, sino por razones claras: cada uno sabe por qué está en Sol o en cualquiera de las otras plazas. Se quiere cambiar las reglas del juego. Se quiere participar. Creo que las reclamaciones básicas son dos: recuperar la participación directa en nuestro gobierno, y no limitarnos, como ahora, a decidir qué empresa de gestión de ocupa de las instituciones; y por otro lado, la liberación del verdadero yugo hodierno, los usureros, los bancos.
No existe una democracia real. Es una ilusión pensar que cualquiera puede presentarse a unas elecciones en igualdad de condiciones. Cualquier partido que no sean PSOE, PP, IU y algunas marcas autonómicas, no existe. Es evidente en las calles, solo los grandes partidos tienen dinero (¿y quién lo paga? pues en definitiva, todos nosotros) para publicitarse y, en el mundo de la publicidad, solo quien tiene presencia puede ganar. Si a eso sumamos los desmanes del sistema d’Hont, nos vemos encerrados en un círculo vicioso en el que no podemos más que limitarnos a decidir a qué empresa de gestión cedemos el gobierno de nuestros asuntos. Porque en eso se han convertido los grandes partidos. No existe la participación ciudadana y a ellos no les interesa cambiar nada. No existía hasta ahora.
Aunque probablemente lo más importante no sea eso, sino el hecho de que quien gobierna realmente son los usureros y los especuladores, los bancos, los dueños del capital. Parte de cuanto tenemos es siempre suyo, si no todo… Y encima cuando fallan en sus especulaciones, los estados (o sea, los ciudadanos) ¡nos vemos forzados por los gobiernos a rescatarlos! ¡Pero si todo es suyo! Y a nosotros, ¿quién nos rescata?
Hacen falta unas nuevas reglas del juego para cambiarlo todo. Hace falta darle una vuelta de tuerca más al concepto de democracia, que tanto ha cambiado siglo a siglo, y volverla de veras participativa. Hace falta eso para que dejemos de estar de una vez en manos de los dueños del dinero, que se enriquecen sin cesar a costa de nuestro trabajo mientras nosotros entregamos poco menos que el alma a cambio de cosas esenciales como debieran ser la vivienda o el sustento. Supieron adormecernos con una falsa sociedad del bienestar, pero ahora que el bienestar ha terminado, despertemos…
Hacen falta unas nuevas reglas del juego para cambiar el funcionamiento de todo, desde las empresas a las universidades. Hace falta ser imaginativos para crear un mundo mejor, en el que todos participemos más de nuestro gobierno y en el que, por fin, nadie sea dueño de nadie.
Los dueños de todo no se enteran de qué va esto. No saben cómo reaccionar. Puede verse estos días en sus tertulias, en sus mítines, incluso en su silencio. Si de verdad alguno de nuestros políticos comparte, como ha dicho, su inquietud por lo que está sucediendo, debería mostrar su compromiso claro de cambiar las cosas, de cambiar el sistema desde dentro. En este país sabemos hacerlo. Pero debe ser claro y efectivo. De lo contrario, no quedará más remedio que cambiarlo desde más adentro aún: desde la ciudadanía, que por fin despierta. Estos son días de alegría.
blog de MARTÍN LÓPEZ-VEGA que podeis seguir pinchando aquí.
