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domingo, 4 de marzo de 2012
CHANTAL, HAINUWELE y una reflexión personal sobre la evolución poética
Todos los poetas, absolutamente todos, creo que en algún momento de su trayectoria (larga o corta) es indiferente, siempre se "arrepienten", por decirlo de una manera más coloquial, de alguno de sus primeros trabajos, o incluso de todos.
Es algo normal cuando se evoluciona en el difícil camino de la poesía.
La gran Chantal no es menos en este asunto, de hecho en el poemario de arriba (cuya imagen os dejo), ella misma reconoce que de todos sus trabajos HAINUWELE es del que más orgullosa se siente dentro de su primera etapa. Lo cual no quiere decir que del resto no esté satisfecha, pero se ve, se nota que ella misma lo asume y admite.
Es largo y tortuoso el sendero. Siempre o casi siempre. Pero para construir MATAR A PLATÓN y más tarde la genialidad de HILOS tuvo que empezar por aquí, por HAINUWELE.
Yo llevo poco en esto de la poesía, algún libro publicado, soy un granito minúsculo de arena en el desierto, pero algo similar me ha sucedido a mí.
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sábado, 9 de julio de 2011
Un poema de Chantal Maillard
14.
Ellos miran un punto, un cerco o un alud,
algo que ha sucedido, un algo que se ensancha,
les llama, les succiona, se adentran en el cerco
y suceden en él al tiempo que les miro,
ellos suceden dentro del punto que se ensancha,
me cerca, me succiona, y es otra la mirada
que nos observa a todos y escribe lo que usted
acaba de mirar.
Ellos miran un punto, un cerco o un alud,
algo que ha sucedido, un algo que se ensancha,
les llama, les succiona, se adentran en el cerco
y suceden en él al tiempo que les miro,
ellos suceden dentro del punto que se ensancha,
me cerca, me succiona, y es otra la mirada
que nos observa a todos y escribe lo que usted
acaba de mirar.
Platón desterró a los artistas por temor a que mostraran que lo-que-ocurre no tiene correlato ideal,
extraído del poemario MATAR A PLATÓN editado por TUSQUETS.
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miércoles, 6 de julio de 2011
Dos poemas de Matar a Platón

5.
No sé si era su hija. El hombre
aplastado agarraba la mano de una niña,
o puede que la niña fuese
la que tenía cogida la mano de aquel hombre,
ahora ya tan rígida, tan apretada y fría.
Vendrán para cortarle los dedos uno a uno.
Amputarle la mano tal vez sería más sencillo,
pero ¡ imagínense una niña huyendo
con una mano ensangrentada
prendida de la suya!
Vendrán con instrumentos
de cirujano a liberarla y ella
atenderá, absorta,
al charquito de orina y sangre
que se extiende hasta sus pies.
Piensa que es una pena
no llevar puestas las botas de agua
y que no siempre es cierto que los charcos
se forman con la lluvia.
el sonido que hace una idea cuando vibra y se convierte en proyectil.
8.
Una mujer temblorosa aprieta
el brazo de su acompañante.
Él vuelve hacia ella un rostro
tan largo como un número de serie
y dice: " El sesenta por cierto de los muertos
por accidente en carretera
son peatones".
La mujer deja de temblar: todo está controlado.
A punto estuvo de creer que algo
anormal ocurría,
algo a lo cual debía responder
con un grito, un espasmo,
un ligero anticipo de la carne
ante la gran salida, pero no:
aquello es conocido y ya no la involucra;
le pertenece a otros. Y él añade: "Han llamado
a una ambulancia", y ella se relaja,
su angustia la abandona:
el orden nos exime de ser libres,
de despertar en otro, de despertar por otro.
A punto estuvo de gritar, desde esa carne ajena,
pero el orden contuvo a tiempo ese delirio.
Me contestó que el libro describe un acontecimiento,
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martes, 28 de junio de 2011
Matar a Platón de Chantal Maillard
Mejor no diga nada.
Sería inútil. Ya ha pasado.
Fue una chispa, un instante. Aconteció.
Yo acontecí en ese instante.
Puede que usted también lo hiciera.
Suele ocurrir con los poemas:
terminan condensándose las formas
en nuestros ojos como el vaho
sobre un cristal helado;
las formas, con su herida.
Pues quien construye el texto
elige el tono, el escenario,
dispone perspectivas, inventa personajes,
propone sus encuentros, les dicta los impulsos,
pero la herida no, la herida nos precede,
no inventamos la herida, venimos
a ella y la reconocemos.
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Maillard Chantal e hilos
Sin palabras, bueno sí: IM- PRE- SIO-NAN-TE.
Premio Nacional de poesía en el 2004.
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