martes, 28 de junio de 2011

Matar a Platón de Chantal Maillard



Mejor no diga nada.
Sería inútil. Ya ha pasado.
Fue una chispa, un instante. Aconteció.
Yo acontecí en ese instante.
Puede que usted también lo hiciera.
Suele ocurrir con los poemas:
terminan condensándose las formas
en nuestros ojos como el vaho
sobre un cristal helado;
las formas, con su herida.
Pues quien construye el texto
elige el tono, el escenario,
dispone perspectivas, inventa personajes,
propone sus encuentros, les dicta los impulsos,
pero la herida no, la herida nos precede,
no inventamos la herida, venimos
a ella y la reconocemos.

1 comentario:

Julio Medina Gimenes Y de los replanteos... dijo...

No digas nada/y sube la escalera/del sentir/como sube la mano/que lentamente roba la chispa/en su dedo/y silente toca la vida/no digas que el tiempo crea los silencios/que la gente camina triste/porque así es la ciudad/llena de almas/que solo vienen y van/mejor solo en tu ojo crea una verdad/que surja de un rumor/y termine con los limites/mas allá de toda confusión/el poema existe/con la misma lentitud/en que bajan las aguas/todo en la vida son vientos/que nos mueven/y amigos/que nos reconocen la mirada.