
" TENGO HAMBRE",
decía el niño, apenas balbuciente,
y lo colmaban con papillas, con potitos.
"Tengo hambre",
decía nervioso el adolescente,
y le hervían arroces y calamares.
"Tengo hambre",
decía el adulto, exigente,
y le saciaban con frituras y guisos.
"Tengo hambre",
decía el abuelo, indiferente,
y le ofrecían habas, fresas, tomates.
"Tengo hambre",
dijo el anciano, en su lecho de muerte,
y nunca nadie
fue capaz
de abrazarle.
Extraído de su poemario OXÍGENO EN LATA editado por BAILE DEL SOL
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