lunes, 25 de abril de 2011

7b de María Mercromina



This is about myself when I’m remembering,
And your long insomniac’s nails,
O Time, I keep chewing and chewing.
Charles Simic.




Para J.



La maldita máquina de escribir. Otra vez. Su incesante ruido. Valiente traqueteo. El halo alrededor del objeto fetiche. La sombra ubicua en el escritorio. Su desafiante presencia. El sórdido grito que le hizo volver a por ella y recogerla del pavimento, meciéndola de vuelta a casa. Ahora callada la muy puta. Enloquezco. Despertarme a las 3 de la mañana con su sonido descosiéndome el tímpano. Pero no. La habitación sigue vacía. Ella y yo sin nuestro nexo de unión.
La odiaba. La odiaba mucho. Era la favorita. Ella primero, luego yo. Antes la máquina, después el cuerpo. El mío. Me costó aceptarlo. Digo, el orden de preferencia. Observar la perfecta simbiosis entre ella y tú. El comensalismo de tus dedos con sus teclas. Esperar. Sólo un poco más, nena. Espera no seas impaciente, no te duermas…déjame acabar. Pegarme los párpados a los dedos con saliva. Distraer al sueño contándole ovejas al gato, o simplemente tirar del hilo de la camiseta rota que tanto te gustaba. Mil atajos y desvaríos para atraerte a la cama. Pero no. Olvidas el orden, querida. Ella como el himen que nunca se rompe. Los surcos de mis pies impacientes sobre las sábanas. Desgastándome. Hasta que venías. Y me abrazabas a carcajadas,-tonta, es sólo una máquina-. Sí, idiota. Una puta máquina a la que abrillantabas con tus entrañas. Y yo mientras tanto, apretando el esternón como si fuera el botón de arranque de un aparatoso artefacto; que nunca terminaría de explotar. Pero la ansiaba, quería que explotarais ella y tú juntos, que salpicarais. Retorcerme de vísceras y materiales, papel, piel y tinta sólo para mí. Que yo fuera el centro de tanta radiación absurda. Prevalecer sobre ella de una vez por todas. Tus falanges enredadas sólo para mí. Tampoco debo reprocharle nada, siempre ahí. Vigía de mi sueño y de mis ganas. De mi insomnio y mis torpezas. En el fondo nos parecemos. A las dos nos meciste de vuelta a casa. Suave. Lento. Como si llevarás algo tan frágil que hasta el mismo viento pudiera hacerlo estallar en mil pedazos.
La distancia entre ella y la cama duele. Es insoportable. La silla vacía. Tú y tus manías. Tu cabeza desordenada haciendo ilegibles listas de compras en la madrugada. Aprovechar al máximo la pasta de dientes, doblarla desde abajo.
Rebelarte conmigo si te mordía el folio.
Follártela si yo amargaba.


* O como hacer un B-side de algún capítulo de alguna novela.




Le he robado este texto a María, espero no se moleste. Me encantó, sencillamente.
Ángel dixit.

2 comentarios:

María Mercromina dijo...

Oh! me alegra muchísimo que te haya gustado, en serio! un abrazo!

Ángel Muñoz dijo...

Para nada mujer.