domingo, 28 de octubre de 2012

DOS POEMAS DE REBECA ALVAREZ CASAL DEL REY



Cuervo

Hay un resto de noche junto al día que empieza.

Hay un resto de noche de perfil,
próximo a la piscina. Su ojo
es el punto de fuga del jardín,
su silueta forma sombras chinas sobre el muro,
enjaulada por verjas
que el reflejo del agua hace temblar.

Hay un resto de noche de perfil
despeinando muñecas
cerca del mediodía.
Y de pronto abanica
el aire que lo encierra
y callan las chicharras un instante.

También hay una niña,
está tumbada al sol, sobre la hierba.
Y hay un resto de noche de perfil,
tal vez (si le dejara) besaría sus ojos.
Pero la niña duerme,
de momento el cuervo no es más que un pájaro.


El acto de escuchar

Solo una pared separa
el grito del oído; una pared
fina, sucia, helada. A veces parece
que el grito solo existe en el oído
y que nada lo produce más allá de la oreja y las manchas
de humedad. Atraviesa
ladrillos desde ele centro del cerebro hasta llegar
al exterior, a este lado
de la pared, donde el grito no ocurre;
donde solo acontece el oído. Ruidos, gritos, golpes, jauría.
Serpientes. Látigo solo
de paredes adentro, al otro lado
del oído, junto a la palabra. La madeja.
El tapiz del recuerdo se remonta al gusano
(de seda).
El hilo, el uso y la durmiente
preciosidad.
Palabras encierran, delimitan; las palabras
(unívocas) desbifurcan
la realidad, el hoy. Todo ya ha ocurrido antes del sueño.
Los tabiques no tienen
que inventar. Definen. Digieren. Enfrentan. Revientan
los tímpanos, la pared,
ocurre entre las cejas.
Balas, recuerdos, alaridos, el roce
de la yema de los dedos
en la pared,
               en el oído,
                           en el recuerdo,

                                                                quema.


AMBOS POEMAS DE REBECA ÁLVAREZ CASAL DEL REY EXTRAÍDOS DE SU POEMARIO "SUPONIENDO LA CICATRIZ COMO POSIBILIDAD DE LA HERIDA".