sábado, 2 de enero de 2010

CON PERMISO DE MI COLEGA PEPE PEREZA




EL PARAÍSO Y EL INFIERNO


Se enjabonó el arrugado miembro, lo frotó extendiendo el jabón y eliminó la espuma vertiendo agua con las manos; se secó y salió del cuarto de baño. Entró en la habitación y allí estaba ella, esperándole en la cama con la falda por encima de sus caderas, mostrando su joven culo. Fue como morirse y entrar en el paraíso, aquella visión hacía que su podrida existencia hubiera merecido la pena, todas sus frustraciones y castigos, todos sus pecados, sus miserias, sus días mediocres, cobraron un sentido casi religioso, casi divino. Se postró de rodillas junto a ella y besó sus nalgas. La habitación se llenó de lujuria y ansiedad. Ella se incorporó y buscó sus labios, sus lenguas se retorcieron sedientas de besos. Se arrancaron las ropas y pasearon sus manos por todos los rincones secretos de sus cuerpos. Ella se acercó a su polla y percibió un suave olor a jabón. Lamió y tragó. Él la observaba sin creerse lo que estaba viendo, intentando guardar en su cabeza cada movimiento que ella ejecutaba. Supo que cuando le llegase su hora, recordaría esos momentos de éxtasis, entonces miraría directamente a la cara de la muerte y se reiría sin miedo. Con aquellos recuerdos, el juicio final era un juego de niños. Ella siguió succionando un rato más, luego montó sobre él y él entró en ella. Inmediatamente después y sin poder evitarlo, eyaculó. Fue breve, demasiado breve. Él no tenía más que ofrecer, la sangre que mantenía erecto su pene se dirigió a otras partes de su cansado cuerpo. Ella se sintió tremendamente insatisfecha y él tan avergonzado que estuvo a punto de echarse a llorar. Se levantó de la cama, se vistió, dejó unos billetes sobre la mesilla y salió de la habitación. No iba a ser tan fácil reírse de la muerte.



Os dejo el primer relato del nuevo libro de Pepe Pereza, PUTAS. Más que nada con la intención de que empecéis a leerlo si teneis tiempo y no lo habeis hecho ya.



Voltios dixit.

2 comentarios:

pepe pereza dijo...

permiso concedido, amigo. Un placer desparramar palabras por estas lindes que se ubican en el sur.

Voltios dijo...

el placer sabes que es mío, pepe, y no es coña.