
Billy Collins nació en Nueva York en 1941. Es poeta de reconocido prestigio en los Estados Unidos, partidario de la claridad formal y constructiva, de una poesía fácilmente comprensible a nivel lingüístico y que elude cualquier tipo de sujeción métrica o estrófica. Ello ha contribuido sin duda a la gran popularidad de que goza en su país; en el ámbito anglosajón europeo, los asistentes a sus recitales le han llegado a preguntar «cuándo va a dejar de hacer prosa». A quienes definen como ‘fácil’ su poesía, opone él la noción de ‘hospitalaria’.
EL ALUMNO
Mi libro de instrucciones de poesía,
que compré en una caseta del río,
contiene muchas reglas
sobre qué evitar y qué intuición seguir.
Qué más da que dos personas en un poema
es una multitud, es una.
Mencionar qué ropa llevas puesta
mientras escribes, es otra.
Evita la palabra vórtex,
la palabra aterciopelado, la palabra cigarra.
A falta de un final,
coloca unas gallinas marrones en plena lluvia.
Nunca admitas que revisas.
Y –siempre mantén el poema en una estación.
Intento estar alerta,
pero en estos últimos días de verano
siempre que levanto la mirada de la página
y veo una quemadura de hojas amarillas,
pienso en los vientos gélidos
que pronto atravesarán mi chaqueta con sus cuchillos.
Este poema es su auto de fe.
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