lunes, 14 de septiembre de 2009

LIBROS: CARVER Y DAS Y BARRUECO











































Terminé, este fin de semana, de leer Esphera de Panero y La máquina de follar de Bukowski, no te dejan indiferente no. Pero he de reconocer que estaba ansioso por acabarlos y dejar caer en mis manos otros dos libros, que estaban en las estanterías de mi casa hace un tiempo, y hasta ahora no había podido dedicarles ni un minuto. Eso sí, sin desmerecer a los dos primeros mencionados que me parecen indispensables.

Os hablo de Tres rosas amarillas de Carver y No hay camino al paraíso de Das y Barrueco.

Reproducir un relato de Carver me llevaría horas y me he propuesto no dedicarle más tiempo que el imprescindible al blog, pero de Das y Barrueco si os puedo dejar algo, aunque sé que ya tengo algún post de ellos anterior.

En No hay camino al paraíso, con prólogo de David González, Das y Barrueco se desnudan. La parte de Javi me la he leído entera, dos veces, la de Barrueco por encima, cuestión de tiempo, pero merece también una lectura a fondo.

De Javier Das podría elegir varios poemas que han chocado en mi pecho, pero os voy a dejar uno y sólo uno, y te digo el motivo, no es otro que el de haberme arrancado las lágrimas:



TAL Y COMO OCURRIÓ


Llegamos pronto,
mi madre nos avisó

-Vuestro padre ha pasado mala noche,
venid para el hospital-,


eso sólo podía significar una cosa.

Deliraba
a causa de los calmantes.
Intentábamos reírnos,
pero los nervios
nos comían.

De repente se incorporó,
se ahogaba,
abrió los ojos
y buscó el aire que se le empezaba
a escapar.

Salí corriendo de la habitación
en busca de ayuda,
no sé ni cómo reaccioné
tan rápido.

Y de repente todo había acabado.

Allí sólo estábamos nosotros,
mi madre, mi hermana, yo
y un médico certificando su muerte.

Y un puñetazo a la pared
por no entender
qué estaba pasando.

En el pasillo,
el apoyo
de las miradas
silenciosas
de otras familias
que esperaban tarde o temprano
el mismo desenlace.

Y las llamadas desde el móvil

-Hey, tío, ¿cómo vas?
Oye, que mi padre acaba de fallecer-.


Recuerdo que no podí decir "muerto",
aún no.

Empezaban unos días duros,
demasiados largos,
extraños,

días que nunca más vas a vivir,

no igual.

Y comer en casa de mis tíos
para por la tarde ir al tanatorio,

y encender la radio,

Y Tears in Heaven
como primera canción.

Nadie te explica entonces
que todo va cambiar,

tienes que volver a casa
y recoger sus cosas,

cuando antes lo hagas menos te duele.

Guardar su DNI,
su tarjeta de banco,
su carnet de conducir,
el poco dinero que llevaba en la cartera,
todo,

tienes que guardarlo todo.

Nadie responderá a su número de móvil,
al menos él no.

Pero haces un último esfuerzo,
coges su teléfono,
lo abres,
y pruebas a decir tu nombre
"Javier"

tu padre tenía reconocimiento de voz,

y por una vez la tecnología
se pone de tu parte

y repite tu nombre,
con su voz,
quedó grabado meses
antes,
cuando introducía los números.

Escúchalo bien,

Javier

porque buscarás su voz
el resto de tu vida,

la imagen en las fotos,
lo vivido en los recuerdos,
incluso sus cenizas,

pero su voz no,

la voz no se recupera,

o la tienes grabada
o no la vuelves a escuchar.

Hasta que años después
descubres una cinta, VHS,
Nochevieja de 1997, probablemente,

e ingenuo la pones,
crees que aguantarás.

Nadie se puede imaginar
lo que lloré aquel día,
reproduciendo una y otra vez
la misma parte,

atrás,
adelante,
atrás,
adelante

que alguien me explique
cómo rescato su voz,

la echo demasiado de menos,

y hay demasiadas cosas
que querría hablar
con él.




Joder, es brutal este poema, si me lees, y sino también Javi, lo he reproducido aquí, en mi blog, con todo mi cariño y mi respeto, de verdad. Muchas gracias por dejar estos versos, te juro, que escribiendo este post las lágrimas me querían volver a jugar una mala pasada.



La imagen de portada de No hay camino al paraíso tomada del blog hankover.


Voltios dixit.

2 comentarios:

Javier Belinchón dijo...

El libro de Das y Barrueco es muy bueno.

Voltios dijo...

Llevas toda la razón del mundo javi, oye, por cierto, que te pareció lo que te pasé sin pulir aún?

o es qué es tan malo que no quieres ni contármelo?

jeje